La curiosidad es mala consejera

Es bueno saber de todo y mientras más sea es mucho mejor pero la curiosidad es mala consejera. Cuando una persona tiene la afición de buscar información por lo general siempre es lo que le puede servir, aunque no sea en el momento pero más tarde puede ser  una razón de alguna solución o, una explicación de algo.

Hasta aquí todo está normal, pero, ¿Qué podría pasar si de pronto alguien tiene la afición por buscar información pero no de la que le serviría? Si se preguntan a qué me refiero Pues es a la información que hace daño, que generalmente es la que busca el curioso y para ello se mete en dónde no lo llaman.

La curiosidadLa curiosidad es mala consejera porque puede originar una serie de problemas que aunque no sea inmediatamente, pero es posible que en cualquier momento. Esto se origina porque una persona cree internamente que no tiene nada interesante que decir, incluido su persona. La intención es que las personas le den importancia pero para ello él tiene que ser interesante.

Es ahí que se origina el problema del curioso porque quiere ser atendido y es muy posible que la información que adquirió por intermedio de la curiosidad, no sea gran cosa incluso como chisme, entonces él lo que hace es cambiar la versión aunque para él o ella no sea grave pero si interesante, por lo tanto lo suelta como algo natural sin darse cuenta de lo que ha hecho.

La curiosidad es mala consejera porque puede enterarse de algo verdadero pero que el único afectado es usted. Hay personas que han vivido una vida por decir normal y de pronto se enteran de algo que en la práctica es algo simple pero para él o ella no es algo que se lo puede asimilar con facilidad.

Un caso parecido pasó con un joven que vivía en un sector muy populoso donde las personas acostumbran a reunirse en las esquinas y conversar de todo, cierto día escuchó un comentario que en cierto modo no iba dirigido hacia él, el comentario era porque hablaban de un niño que no se parecía a los hermanos.

Entonces él empezó a preguntar por qué era la diferencia, como respuesta recibió que era por el color de piel pero este joven no se complacía con dicha respuesta y seguía con las preguntas por aquí y por allá, hasta que un bromista le dijo “Y tú que tanto preguntas no seas curioso, capaz que tú también eres recogido”.

Pienso que la broma no tuvo dirección intencionada pero la otra persona lo tomó como una indirecta que le llegó a la cabeza, ¿Las razones de esa actitud? La verdad que sí llegué en un momento a pensar que él no era lo que parecía pero él no tenía ni idea que en su vida había algo oculto. El caso es que se puso hacer preguntas en su casa de porqué el no se parece a sus hermanos, puesto que él es el único con pelo lacio el resto de hermanos todos son crespo o zambo y de paso medio trigueños.

Este joven no descansaba por más que le respondían que no hay diferencia ya que por alguna razón de familia él podía haber nacido así, hasta que los mismos hermanos lo empezaron a molestar con que él era adoptado. Cierto día los padres optaron por tomar medidas y en vista que no cedía le dijeron algo que él quería encontrar pero que no estaba preparado para la respuesta.

Era verdad que el no era hijo legítimo y los padres se lo dijeron por lo tanto esa noticia le cayó como balde de agua fría, ya que así como era curioso también era muy molestoso cuando se enteraba de algo de sus amigos. La sola idea de que alguien de sus amigos se iba a enterar, lo mataba y aunque nunca dijo nada pensando que de esa forma nadie se iba a enterar, pasaba sus días pensativo hasta dejó de ser curioso pero.

Su camino como persona dejó de ser la que se conocía, ¡Sorpresa! sin que nadie se entere empezó a andar por el camino de las drogas, posiblemente no aceptaba el ser adoptado y lo único que hizo fue refugiarse. Hasta que me cambie de casa este joven seguía en el vicio y cada vez peor y eso que la familia gastaba dinero en centros de rehabilitación pero más se demoraban en corregirlo que él volvía al vicio. Hay que tener mucho cuidado antes de meterse en dónde no le llaman, ya que la curiosidad es mala consejera.


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