Miedo o respeto

Muchos no saben si es miedo o respeto, lo que hace que alguien obedezca una orden que un superior le ha dado. Hace un tiempo me visitó un cliente que fácil pasaba de 1,90 centímetros de estatura y de buen peso, junto a él estaba su hijo de apenas 6 años de edad, los dos llegaron muy tranquilos.

A medida que pasaban los minutos, el niño estaba muy quieto y callado, hasta eso le enseñaba al cliente las calidades de productos que tenía en esos momentos, de un momento a otro yo quedé en blanco, aturdido y sorprendido de escuchar un grito de esos que se dan en  los estadios.

El respetoEl causante de ese grito era ni más ni menos que el cliente, y no me gritaba  a mi, el grito era para su tierno hijo de 6 años de edad ¿Cuál era la razón de semejante grito? Nada, y de verdad que no era nada la razón por el grito, lo que el niño hizo fue acercarse  a ver lo que le enseñaba a su padre y nada más.

De lo sorprendido que estaba, lo miré de reojo y pensé “Si le digo algo a este energúmeno es capaz de lanzarme por los aires” entonces me quedé callado y seguí con mi trabajo, de pronto otro grito, y después de 5 minutos otro, el tipo ya me tenía con los nervios de punta.

Desde luego que estaba conciente que el niño era muy inocente, y en cierto modo la actitud del niño es de lo más normal, con la curiosidad de cualquier persona que desea aprender, pero el padre no se daba cuenta de eso, ahora ¿Cómo decirle algo al señor para que no trate así al niño?

Al menos para mí era muy peligroso, porque corría el riesgo de que me mande a callar por meterme en problema ajeno. De un momento a otro me dio la oportunidad que esperaba, “Es lindo cuando los hijos aman a su padre ¿Si se da cuenta como me respeta mi hijo?” me dijo con actitud orgullosa.

Sin darse cuenta me dio carta abierta para que me meta (que más quiere el pato que lo metan al agua) “Discúlpeme pero su hijo no lo respeta, le tiene miedo ¿Acaso no se da cuenta como está tieso del miedo? Si a mí, que no tengo nada que hacer, me tiene descontrolado con los gritos” le dije mirándolo a los ojos.

Sin darle tiempo a que reaccione, proseguí con mi objetivo. “Puede ser que usted haya pasado por la misma experiencia, asumiendo inconscientemente que es lo mejor para su hijo, pero en el fondo le trae recuerdos tristes y para mí, no sé como su esposa no se ha separado de usted” le dije.

Me miró muy sorprendido y bajando la cabeza, me confirma que si estaba separado de su esposa ya 2 años, y que su objetivo es regresar con ella, pero ella no quiere, porque en la casa hay muchos gritos, y que era verdad que el papá de él lo trato muy fuerte, pero que no lo veía mal.

Después de lo dicho por él, rompió en llanto ¿Se imaginan a un hombre bien alto y fuerte llorar como niño, delante de todos los que pasaban sin darle vergüenza? Pues me dio tristeza de ver como se derrumbaba. Claro que lo ayudé y le di algunos tips de cómo salir de ese encierro mental en el que estaba.

En realidad no sirve de nada dar una orden con voz de mando, si el que la recibe no lo respeta, tenga en cuenta que obedece por muchos compromisos o estatutos de ley y que en el primer momento, que tenga la oportunidad de dejarlo o no obedecerlo, lo hará y sin pena ni gloria. Entonces que es mejor, miedo o respeto.


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