Este es el comienzo de una historia que si tiene algún parecido, con personas que conocen es pura coincidencia, después de todo, solo es para distraerse de lo que da vueltas en la mente, que inquieta y deprime haciendo que se pase mal. No se olviden de hacer críticas constructivas.

 

                                                                     1

                                                          La gran noticia

 

 

Caminaba rumbo a mi pueblo cansado y asoleado, sin esperanzas de llegar.  De pronto encuentro a mi amigo de colegio que venía hacia mí:

―Hey  Pepe  ―lo llamaba.

―Hey Tony, contigo mismo quiero hablar ―con emoción le decía―. Ando que te busco, ¿Sabías que sí aprobamos los exámenes de grado?

― ¿De verdad? Qué bien porque ahora si me voy de este pueblo olvidado de Dios. ¿Estás seguro? Porque si es así… ¡Hay que celebrar!

―Seguro, si por eso es que te busco porque esto se merece un brindis ―Con alegría por un evento que al parecer no creían que venía y por eso, pensaba lo que podría pasar al ser algo tan bueno para ellos (ahora falta que el papá de él nos dañe la fiesta)―. Entonces, ¿Vamos donde la vira vuerta?

―Para allá mismito nos vamos ¿Si cargas plata? Pregunto por si acaso. Después vaya hacer que nos toque salir corriendo… ¡Diga!

― ¿Qué te pasa Tony? Sabes que no me gusta andar sin dinero.

―  ¡Tranquilo! Que era una broma… casi me pegas ―sorprendido se aparta porque sabe que puede responder mal―. Mira amigo, mi papá me dio un dinero para que le tenga y en este momento pasa a ser de mi propiedad, ya que es un caso de emergencia, por lo tanto yo invito.

―Gracias, muchas gracias Tony,  para que veas como soy… mejor  yo invito.

― ¿Cómo? ¡Qué tú invitas! Estás loco o que mi dinero apesta, (que se habrá creído este montubio) ¡Ya te dije, yo invito y punto!

―Está bien, yo solo pensaba que tu papá va a venir y te va a pedir el dinero, Tú sabes que ese dinero no es tuyo, además ya me pagaron a mí lo que me debían, por lo tanto alcanza y sobra para todo lo que queremos hacer.

― ¿Quién te dijo que metas a mí papá?  ―Tony pensaba sin mediar consecuencias haciendo lo posible por controlarse―.Ya me estás haciendo cabrear montubito de mierda. Además, ya te dije que el dinero es mío y por lo tanto yo hago lo que me venga en gana con el, ¿Estamos?

Novela de ficción
“Clarí” capitulo 1

―Tranquilo, no es para tanto ―Pepe, buscaba que su amigo no pierda el control, porque sabe que es medio loco―. Sabes… mejor pagamos a medias ¿Qué te parece?

― ¡Ya te dije que no! Montubio de porquería… ahora vas a saber quién soy yo, ¡VEN ACA!

Tony pierde la paciencia con facilidad.

― ¡Oye, espera! ¡Qué te pasa! ¡Este loco se me viene encima! ―con desesperado actos por cubrirse le hace frente al que es su mejor amigo… pero―. ¡Tony, espera!

Una pelea sin sentido porque así es Tony, no soporta que le contradigan y eso le ha costado perder amigos por su mal genio, pero en el fondo es buena persona. Poste partido, se llama el lugar donde empieza todo; un pueblo que se esmera por progresar, aunque su gente no es tan emprendedora. La única forma de progresar es saliendo del pueblo y eso lo sabía Tony.  Después de una buena pelea los dos amigos se dan la mano.

―Discúlpame Tony, se me fue un poquito la mano.

―Un poquito…un poquito…si claro mala gente casi me partes ―le decía Tony con un gesto de resentimiento―. ¡Ahora pagas tú la bebida y ni una palabra más!

―Como tú digas amigo ―decía Pepe con “resignación”―. Entonces ¿A dónde vamos?

― ¡Vamos al salón de la vira vuerta! ―con un tono como de mando, puesto que él no podía quedar mal, al menos después de esa pobre actuación de malo del barrio.

―Está bien, para allá vamos ―contestaba Pepe con gentileza en señal de aprobación de tan sabia decisión.

Los dos amigos tomaron rumbo hacia el salón para celebrar lo acontecido (Grado) en el camino, las fantasías  volaban de lado a lado, cada uno a su manera. Mientras Pepe fantaseaba como iba a progresar en su pueblo querido,  Tony dejaba volar su imaginación de lo que podría hacer en la gran ciudad, pensaba que tenía que esmerarse para lograr cumplir los sueños que el mismo se estaba creando. ¿De qué forma podría hacerlo? Pues estaba claro, así de simple no podía ser, tenía que ser con bases y esas bases son con estudios, ¡No hay otro camino! Llegando al lugar pactado.

―Mira Tony ―indicándole el lugar hacia donde tenía que ver le decía Pepe.

― ¿Qué cosa? ―sorprendido lo preguntaba―. ¿Qué quieres que mire?

―Allá, donde la vira vuerta.

―Ah sí, pero, ¿Qué pasa allá?

―Qué… ¿No te das cuenta que la vira vuerta está casi vacío? ¡Estamos de suerte! Ahora si vamos a poder conversar tranquilos sin que nadie nos moleste.

―Ah sí verdad… discúlpame, lo que pasa es que… con la noticia que me diste me puse a pensar ¿Qué voy hacer para poder cumplir con todos mis sueños? Ya sé, voy a seguir estudiando, mas luego hablo con mi padre para que me ayude.

―Te felicito, ojala te vaya bien  porque si no es así, aquí te espero para que me ayudes en la finca. Pero ya dejémonos de sueños y vamos a celebrar, ¡Aprovechemos que hay poca gente! Mira Tony, aquí hay una mesa, sentémonos ya y pidamos.

―Entonces pide tú, que yo soy el invitado.

―Está bien  ―haciendo señas al mesero―. ¡Mesero! Traiga dos cervezas, por favor. Ya está, ahora convérsame cuáles son tus planes, te escuché que quieres seguir estudiando en la ciudad  ¿Es cierto?

―Sí, para lo que yo quiero hacer es necesario que estudie porque si no lo hago, voy a quedarme burro como tú…es broma por si acaso  ―le decía Tony con la mirada fija en un punto―. ¡Bebe! Que para eso estamos aquí.

Los compañeros de libaciones se dedicaron a beber como si el mundo se iba a destruir. Entre vaso y vaso de cerveza, no se dieron cuenta en qué momento se quedaron dormidos. En otro lugar muy cercano de ahí, se encontraba Don Saturnino, padre de Tony, buscando a su querido retoño, ya que tenía horas que lo cernía por encontrarlo.

―Caramba, ¿Dónde estará este muchacho? ―se preguntaba Don Saturnino―. Donde que lo encuentre lo parto a palos,  ¡Es el colmo! Todo el día se ha perdido y para el colmo ¿Dónde habrá dejado el dinero que le encargué?

Don Saturnino, buscaba y buscaba, hasta debajo de las piedras pero nunca pensó buscar en el cabaret del pueblo, de pronto se encuentra con su compadre.

― ¡Compadre Lucho! ¡Compadre Lucho! ―Desesperado llamaba a su compadre―. Venga compadre que quiero conversar con usted.

―Hola compadre Saturnino, que le acontece  ―con amable sonrisa lo recibía a su mejor amigo―. Como que lo veo medio preocupado.

― ¡Preocupado es poco compadre, ando buscando a mi muchacho!

― ¿A cuál de ellos busca compadre?

―Al menor, al Tony, a su ahijado,  no lo encuentro desde la mañana.

― ¿Al Tony? ―Se puso a pensar como que si algo tenía en su cabeza―. Ah ya, ahora me acuerdo, hoy en la mañana lo vi  que iba con su pana del alma, con ese muchacho que le dicen Pepe.

― ¿Por dónde los vio compadre?

―Caramba compadre, no le va a gustar lo que le voy a decir.

Lucho, lo miraba directo a los ojos para ver qué cara ponía, según eso, le decía.

―Caramba compa, ya dígame  ―decía Saturnino pero, parecía que ya se le estaba metiendo un diablo por el cogote.

―Tranquilo compa, que ya lo veo como que se está cabreando ―decía Lucho pero con actitud pensativa―. Bueno, pero si me promete que se va a portar bien.

― ¡Carajo Compadre! Más vale que me diga, porque si no le caigo a plan de machete y con mucho respeto ya que es mi compadre.

―Ya tranquilo que usted es medio loco. Vea compa, a su hijo o sea a mi ahijado, lo vi que iba y escúcheme bien, dije “iba” por el camino de la vira vuerta ―después que le dijo dio dos pasos para atrás, por si acaso a su reacción.

― ¡Qué! Donde el marica ese ¡No puede ser que mi hijo!…Usted compa me está faltando al respeto y más vale que renuncie a sus palabras, porque aquí nos vamos de relajo ¡Más claro! ―enfurecido y amenazante lo decía―. ¡Qué fue! Que Estoy esperando.

―Discúlpeme compa, pero yo le dije la verdad ―con actitud defensiva iba tomando distancia―. Además, no tengo porque renunciar a mis palabras si usted me preguntó y yo le dije lo que vi, nada más.

―Y sigue compadre Lucho ¡No respondo! ―Saturnino se iba acercando con lentitud―. Bueno, ya me hizo enojar ¡Le exijo que retire sus palabras que han mancillado el nombre de mi hijo!

―No compa, no lo voy hacer y ya le dije por qué, además compa, yo no le tengo miedo.

―No hablemos más ¡VEN ACA! Desgraciado, y se va a la mierda el compadrazgo ―Sin pensar dar vuelta atrás, Saturnino desafió a su compadre a duelo.

―Compadre, compórtese… ―le hablaba Lucho con el fin de evitar una confrontación.

― ¡Qué compadre ni que nada! Venga y párese como un hombre ―Saturnino echaba chispas―. ¡Qué espera! O será que ¿Se está rajando?

―Yo no me rajo ni nada y mucho peor con usted comp…que digo, un pendejo ―ya perdiendo el control, Lucho se preparaba para lo que venga, ¡Con injusticia!―. Y más claro, horita nos la partimos porque usted es el colmo, elija como quiere, a machete, puñete o mejor quiere que lo mate a pañolazos ¡Hable!

― ¿Con quién cree que está hablando? O que piensa que soy como la vira vuerta  ―decía Saturnino.

―Yo no creo ni pienso, lo único que sé, es que estoy hablando con un pendejo  ―Lucho ya no sabía lo que decía―. ¡Qué espera!

―Bueno difunto, ahora vas a saber quién es Saturnino Pyma.

Mientras decía esas palabras amenazantes, se lanza encima de su querido compadre.

―Pues, véngale que aquí lo espero  ―decía Lucho.

Después  de todo ese repertorio de palabras amenazantes, los dos amigos y compadres se lanzan en una lucha cuerpo a cuerpo, puñetes iban y venían y para el colmo nadie se quería meter a separarlos, porque todo el pueblo sabía lo alocado que es Saturnino. El que se metía en esa pelea era como si compraba un enemigo y ese enemigo era el mismo Saturnino, después de camisas rotas y unos cuantos golpes.

―Párele compadre, que ya es suficiente ―separándose de su compadre del alma ahora enemigo―. Compadre, compa. Oiga ¿Me escucha? Vamos no se haga, levántese que no es para tanto.

 ―Ah…ah…Ya ―era lo único que por el momento podía decir Saturnino.

Bien dicen, de tal palo es la astilla, Don Saturnino armó tal relajo al extremo de desafiar a su propio compadre, el resultado de ese combate es que el único que salió lastimado fue el mismo Saturnino y su hijo es igual de loco.

―Ya compa. Está bien ¿Cómo se siente? ―Lucho se sentía preocupado―. Compadre, ahora si reaccione.

―Ah… Ay, chuta, ¡Usted sí que es un asesino! No puedo respirar bien  ―decía Saturnino.

―Usted tiene la culpa, solo por decirle lo que vi, casi me pega ―le increpaba Lucho―. Ahora ¿Qué sacó? Nada, porque el camino de Tony no ha cambiado sigue siendo el mismo, y de jodido vamos yo le acompaño y verá que él está ahí y fijo que está borracho.

―Está bien compadre, como usted diga pero primero deje reponerme un poquito ¡Usted sí que es malo! Casi me parte el alma ―le decía Saturnino en un tono lastimero a su compadre Lucho―. ¿Usted cree que mi muchacho esta allá?

―No se confunda compadre, yo dije que lo vi caminar hacia la vira vuerta pero no dije que lo vi entrar, además, supongo que sí está ahí, de ley tiene que estar borracho junto a su amigo.

―Igual compa…acompáñeme a buscar a este muchacho porque no creo que él esté metido ahí ―hablaba con tranquilidad―.  Que dice ¿Me acompaña?

―Ya le dije, vamos le acompaño y si lo encuentra le da una tranquiza de mi parte, no se olvide ―Lucho estaba picado por lo que había pasado.

Lucho y Saturnino se encaminaron hacia el bar de la vira vuerta, cada uno meditando con posibilidad sobre la pelea, ¿Qué hubiera pasado si hubiera sido con machete? Fijo que el muerto sería Saturnino ¿O no? Quien quita que para el cruce de golpes sea malo y para pelear con machete sea un contumaz asesino.

Ya cerca del bar, Don Saturnino iba con el pensamiento de que su muchacho nunca por nunca iba a entrar en ese antro de perdición. En cambio Lucho, iba que rogaba que ese condenado muchacho esté adentro y bien borracho, si él no estaba, era fijo que Saturnino en lo loco que es arma otro relajo y quien sabe que podía pasar, a lo mejor Lucho tenga que matarlo en defensa propia aunque Saturnino tenga toda la razón de reclamar. El caso es que la reacción que tiene él, es de loco y medio y no ve las consecuencias que pueden pasar después.

Llegaron y entraron y los dos al mismo tiempo buscaban al susodicho muchacho, el uno con el afán de no encontrarlo y el otro con el afán de sí encontrarlo a como dé lugar y ¡OH sorpresa!

―Compadre Lucho, ayúdeme a buscar a este condenado muchacho ―decía Saturnino.

―Como usted diga compadre ―que aparezca decía en su mente Lucho―. Yo me voy al piso de arriba compadre.

―Muy bien, yo veo aquí abajo, más por gusto, porque es imposible que mi muchacho esté aquí.

El bar de la famosa “vira vuerta” es tan grande que abarca mucha gente en la planta de abajo, entre los que toman y los que bailan. En la parte de arriba sin contar con la oficina de la famosa dueña, son puros cuartos de citas, más de cuarenta en la parte de abajo y a un costado están los reservados, que solo son ocupados en tiempos de fiesta. Como decía, entra tanta gente  y eso es poco porque los fines de semana, llegan gente de todos lados a reunirse ahí por tal, eso significa que pasa de todo de la A hasta la Z, como dirían por ahí: “Antro” esa era la razón por la que Saturnino se preocupa, en pocas palabras él ya conocía el ambiente, por lo tanto, temía que a lo mejor su hijo querido se vaya a enamorar de alguien por ahí, que más seguro es que le toque un “ella” y él (Saturnino), por nada del mundo no va a permitir que en su familia entre un “señorita y eso si lo aseguraba.

―Que lindas chicas que hay aquí ―decía Lucho con la mirada que lanzaba llamas de lujuria―. Ahora falta que Tony no aparezca. Pero que buenas que se las ve a estas muchachas. Ya mismo que me llevo una para la casa y saco al estorbo que tengo ahí.

De pronto escucha un escándalo en el piso de abajo, parecía como que estaban peleando mucha gente pero no podía ser, el bar esta medio vacío y por lo general las peleas se originan cuando el bar está lleno.

― ¿Y qué es que está pasando abajo? ―se preguntaba intrigado Lucho―. ¿Será que a mi compadre lo están matando por loco? Mejor bajo, pueda ser que él me necesite.

Lucho presiente que algo está pasando con su compadre y baja en veloz carrera sorteando obstáculos, llega a la entrada del piso del baile y se da cuenta que hay un escándalo, sillas por el piso, mesas rotas, botellas unas rotas y otras tiradas en el piso, gente aglomerada y el epicentro de todo es ni más ni menos que el compadre Saturnino, entonces Lucho, que es su amigo y compadre del alma, se lanza al ruedo a repartir patadas y puñetes.

― ¡A ver carajo! Aquí nadie me toca a mi compadre y el que lo toca sale apaleado ―decía Lucho con heroico esmero―.  A ver compadre, aquí estoy para ayudarle y no se preocupe, que yo agarro a este par.

Con bravura de macho se abalanza a dos tipos y le cae a golpes.

― ¡Espere compadre no se aloque! ―Gritaba Saturnino desesperado por la acción de su compadre―. Compadre no… Espere, no es lo que piensa ¡PARE COMPADRE!

― ¿Qué pasa? ―le pregunta su compadre Lucho y muy sorprendido de no querer la ayuda.

―Lo que pasa es que encontré a mi muchacho y no solo eso, está bien borracho, yo lo quise despertar y me mandó para el carajo ―decía lamentándose Don saturnino―. Y como a mí nadie me insulta de esa forma, fui a buscar un balde de agua y se lo tiré, él como loco, salió corriendo tropezándose con un banco y fue a parar sobre una mesa que la tumbo toditita y de paso la rompió. Como en esa mesa había cinco tipos, ellos lo cogen y me lo mandan para donde yo estaba y que cree compadre, yo lo esperaba con este palo y lo molí a golpes, como no quería dejarse golpear, corría de aquí para allá tumbando todo lo que encontraba en su paso.

―Pero compadre Saturnino, yo vi que a usted esos tipos lo tenían agarrado ―le explicaba Lucho a su compadre―. Yo veía que usted quería soltarse de ellos.

―No compadre, para la próxima abra bien los ojos ―le decía Saturnino con ínfulas de sapiencia ―. Los tipos que usted dice que me estaban cogiendo, en realidad, si lo estaban haciendo pero para que no me caiga. Resulta que en un garrotazo que le iba a pegar a mi hijo, el condenado se movió y yo perdí el equilibrio y como me estaba cayendo, ellos a los que usted acaba de partirlos me estaban cogiendo para no dejarme caer compadre.

― ¿Ahora compadre Saturnino?  ¿Qué hago? ―con cara de arrepentido―. Y su muchacho ¿Dónde está?

―Lo primero es lo primero ―indicaba―. Eso es… que tiene que disculparse primero con ellos que están golpeados, claro que fue sin voluntad.

―Bueno compadre lo que usted diga ―con cara de arrepentido se dirige a los golpeados―. Eso me pasa por ayudar sin que nadie me llame. Disculpen ustedes sus mercedes de verdad les digo, disculpen.

―Ahora si ¡Vamos a buscar a este muchacho de mierda, que en medio de este alboroto salió corriendo!

Caminaban juntos los dos amigos rumbo a la pequeña finca que tenía Don Saturnino, ¿Por qué? Y a donde más podía meterse Tony, él sabía que nadie en los alrededores se iba a comprometer en darle asilo, todos conocían a su padre y sabían lo alocado que es, por lo tanto, en el único lugar donde podría estar es en su casa. Mientras tanto, en el camino Saturnino hablaba con su amigo.

―Compadre, quiero decirle algo ―con profunda meditación hablaba Saturnino―. ¿Si… me deja compadre?

―Por qué no, amigo ―le decía con recelo―. Además usted es mi compadre del alma.

―Verá, quiero que me disculpe por lo bruto que me porté con usted ―con reflexión decía―. Créame que se me cae la cara de vergüenza.

―Tranquilo, no se preocupe, que lo bueno que se ha sacado de todo esto es que me he dado cuenta, que en verdad usted me estima compadre ―expresaba Lucho―. Y para que no le quede duda, yo también lo estimo con toda el alma compadre.

―Vea compadre, que le parece si este fin de semana nos la pegamos, y me refiero a sentarnos a beber una botella de buen trago fuerte ―le decía Saturnino―. De esa forma limamos asperezas, ¿Qué le parece compadre?

―Muy bueno compadre, es más, yo llevo el trago ya que tengo un garrafón de fuerte guardado de hace fu  ―Lucho lo miraba,  en espera de una respuesta afirmativa.

―Como usted diga compadre Lucho ―con una sonrisa de oreja a oreja le contestaba Saturnino―. Pero no se olvide, ¡Este fin de semana!

―Bueno compadre Lucho, me despido, me voy para la finca a ver si este condenado muchacho está allá.

―Está bien, nos vemos y saludes a la comadre, chao.

Don Saturnino continuó por su camino hacia su finca y durante su caminar él pensaba: “¿Cómo es posible que mi hijo se haya metido en ese antro de mujerzuelas y maricones? ¿Qué hubiera pasado si yo no llego? Capaz que me lo rifaban, con lo tonto que es caía facilito, pero ahora me va a escuchar porque yo le enseñé a ser bien hombre y buen trabajador, y no a que se meta en esos lugares de perdición. Ahora que ya terminó el colegio, con tranquilidad puede hacerse cargo de la finca, le va a ir bien”. Saturnino entre que pensaba y pensaba, no se había dado cuenta que estaba a la entrada de la finca, de pronto reacciona y se pone alerta.

― ¿Dónde estará este muchacho? ―Se preguntaba―. Fijo que está en su cuarto dormido ¡Eso!  Ahí lo encuentro,  más vale que lo encuentre despierto. Mejor llevo un palo.

Con las ganas de desquitarse de todo lo que le ha pasado, empieza a buscar el palo más grande que pueda.

―Este no, es muy chico, este mejor, ah…No es muy flaco se va a romper en el primer garrotazo que le dé.

Se esmeraba mucho por escoger sin pensar que a lo mejor  esa no era la forma de corregir a un hombre de 20 años, pero igual, que se las daba se las daba porque eso nadie se lo iba a quitar. Por fin encontró el indicado.

―Este sí, es pesado no muy largo y arrugado y con el primero que le dé le va a cimbrar hasta los diablos, más seguro es que salen volando de uno en uno.

 Ya armado y equipado se dirige al cuarto de su querido hijo.

―Voy a ir despacito para que no me sienta  ―decía el padre abnegado―. Ah…Tiene la puerta cerrada, pero va ver que de un puntapié se la abro.

La consigna era darle un escarmiento a su vástago. Se para justo a un paso de la puerta, según él, para poder tumbarla, se prepara y se lanza dando un puntapié cosa que esa puerta se abrió sin ningún problema, ¿Y eso, por qué? Porque no estaba cerrada, solo estaba junta, la cuestión es que adentro no estaba su Tony, lo único que encontró fue una carta de su hijo que le dejaba a su padre.

― ¿Y esto? ―decía Saturnino―. Dice… A mi Padre. Me imagino que es a mí, voy a leerla.

Querido Padre.

En la finca.

Hola, espero que no estés bravo por lo de la borrachera, para la próxima atina bien papá, porque no me pegaste ni uno pero bueno, tú tienes el derecho de corregirme puesto que eres el que me dio la vida. ¿Sabes una cosa? Yo me siento agradecido por todo lo que has hecho por mí, sin tu consejo sería un carga sacos pero como ves, no es así es más, tú me has dado una manera de pensar que siempre hay algo más adelante, y como soy un buen hijo yo te reconozco por esos consejos y ejemplos,  además, por tu valiosa colaboración de emergencia que créeme que me va a servir de mucho, de antemano, te deseo que pases bien todo este tiempo en mi ausencia ya que me dirijo a la gran ciudad, voy en busca de mi destino puesto que estoy bien seguro que no está en mi pueblo, y no te preocupes voy a estar bien y no voy a olvidarme de usted y mucho peor de mamá.

                                                                                             Tony Pyma

PD: Es la primera vez que escribo una carta, es que el tonto de Pepe me jodía que lo haga pero igual, me siento mejor y no me voy resentido. A propósito, ¿Te acuerdas del dinero que me encargaste? Pues fíjate que por orden presidencial me declaro en emergencia,  por lo tanto te agradezco tu colaboración.

―Chuta  ¿Y ahora? Se fue este muchacho del demonio ―decía con algo de tristeza―. Bueno, ojala le vaya bien y que dios lo bendiga. Bendiga…Bendiga…Dinero…Dinero…Ah…un… mi dinero ¡Es mi dinero al que se refiere Tony! hijo de su madre santa, se me llevó el dinero que le encargué y recién me doy cuenta, de todas maneras es mi hijo, como se iba a ir sin dinero, está bien que lo haya hecho, algún día regresa y ahí hablaremos pero lo único que no me gusta es que se me escapó el condenado muchacho.

Saturnino en tono molesto, pero al mismo tiempo se puso a meditar sobre la situación de su hijo, ya que de igual, tarde o temprano se iba a ir...Continuará capítulo 2

©Clarí una historia cuántica Todos los derechos reservados Roberto Sanahuano    Escrita en el 2006 y registrada en el 2008 I E P I   030100

“Clarí, una historia cuántica” capítulo # 2


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