12

 El primer viaje cuántico

―Más te vale, por menos que eso se han muerto.

Juan con el mal genio que tiene, sentía como que los diablos se lo llevaban en peso. Entra en el jardín principal seguido de algunos de sus hombres, así llega a la puerta de la casa para ser recibido por Amantita.

― ¡Juan querido! Cómo así me visitas en mi casa ―le daba la bienvenida.

―Buenos días mujer, vengo hablar muy en serio contigo ―dijo Juan.

―Tú sabes que eres bienvenido en mi casa y por lo tanto, estoy presta a escucharte cualquier cosa que te acontece.

― ¿Sabes lo que me hizo tu ahijada?

―No tengo ni idea, además no me hables de esa muchachita, ya que esta mal agradecida ayer me visitó en la mañana y me habló una sarta de porquerías, es más hasta me insultó, yo no sé qué le pasa pero ella es una buena chica. La cuestión es que me dijo del mal que voy a morir y yo no tolero eso, algo que me llamó la atención es que me dio a entender cómo que se sentía mal, pero igual eso no le da derecho de portarse mal conmigo.

―Si me dijo eso anoche y por eso yo la reprendí porque no debía ser mal agradecida contigo, pero yo la noté rara, es como que estaba pensando en muchas cosas pero menos en mí,  eso no lo soporto, ¡Jansí! (si patrón) ordena a los muchachos que salgan de la casa, pero ¡Ya! (enseguida patrón)…!Qué fue! (ya nos vamos patrón, voy a cerrar la puerta pero si me necesita grite que ya estamos afuera) como te decía Amantita, ella estaba muy rara, ahora… ya no está… se ha ido… y me ha dejado sólo y no sé qué hacer ―se lamentaba Juan a punto de llorar.

Novela de ficción
Clarí capítulo 12 “El primer viaje cuántico”

―Pero Juan, ¿Cuál es el problema? ¿Desde cuándo te preocupas por una mujer? ¿No que tú eres el hombre más guapo poderoso e irresistible del país? Si se fue, se fue, es más cuanta mujer mejor que ella estará esperando el turno para qué te conozcan, y tú lo sabes ―le hablaba con energía  Amantita.

―Sí me lo sé de memoria, el problema es que ella no es cualquier mujer, ella es Clarí, y tú sabes que ella me ha llegado hasta el fondo del corazón,  no puedo soportar que se haya ido y por… y por… eso me siento mal y… yo… lloro por su ausencia, que linda que es Clarí.

Amantita es una mujer muy sagaz y valiente, ella sabe muy bien que Juan es capaz hasta de matarla a ella mismo en su casa, pero como la conoce mucho tanto él hacia ella como ella hacia él, hay un cierto respeto, Amantita sabe que Juan no está ahí para quejarse, Juan está buscando información que le sirva para encontrar a la mujer que se ha burlado de él, y eso nadie lo ha hecho. La indignación que él tiene es tal que no va a parar hasta conseguir lo que quiere.

―Ya cálmate Juan… cálmate, qué sacas llorando ―Amantita haciendo el papel de paño de lágrimas.

―Es que la extraño ―Juan seguía llorando a moco tendido.

―Ya pues, mariconazo, compórtate como un hombre ―Amantita tenía ganas de reírse porque ella sabía que Juan no es de los que lloran por una mujer, a menos que en verdad se haya enamorado de Clarí.

―Es que no puedo, ella se ha ido y no sé dónde está ―con el rostro afligido Juan le hablaba a Amantita.

― ¿De verdad la extrañas?

―Pues claro que sí, si yo la tengo metida aquí en mi mente.

―Entonces búscala, y cuando la encuentres dile que la amas y júrale por tú madre de que nunca le vas  hacer daño.

―Y claro que la voy a buscar y no para decirle que le amo, sí no que quiero que Jansí le meta cinco tiros a la condenada, uno en la cabeza, uno en cada seno, uno en la entrepierna y otro en el trasero, porque ella para mí fue algo muy especial y yo, sólo yo, acaricié besé y gocé ese cuerpo, nadie va a tener la oportunidad de ver la hermosura que era ella.

― ¡Qué estás diciendo Juan! Me asustas.

―Sí, como estás escuchando, y eso lo hago porque ninguna mujer me ha hecho llorar como ella lo ha hecho, y estoy casi seguro que tú tienes que saber dónde está la condenada.

― ¿De dónde sacaste eso Juan? ―Preguntaba intrigada.

―Porque tú eres su madrina, ¿Sí o no?

―Bueno, la verdad no, si la llegué a querer y estimar como si fuera una de verdad, pero no lo era, es más yo recién la conocí hace cuatro meses o creo que más, y la hice pasar como mi ahijada para poder entrar a tu fiesta con ella, pero nada más, además rompemos relaciones ayer cuando vino aquí y me insultó, así que si quieres matarla es problema tuyo ―es fijo que si Juan no le cree Amantita es muerta segura.

―Eso significa, que tú me has mentido ―mirándola a los ojos le decía Juan.

―Yo jamás te he mentido Juan.

―El haberme dicho que es tú ahijada, para mí eso es una mentira y eso es mérito para un castigo, porque nadie me miente a mí.

―En ningún momento te he mentido Juan, es verdad que yo te dije que es mi ahijada pero tú jamás me preguntaste, si tú me preguntabas y yo te decía que soy la madrina ahí sí que te hubiera mentido.

―Tienes toda la razón…te pido disculpas, espero que este mal entendido no vaya a ser que nos distanciamos.

―No te preocupes querido a sí suele suceder algunas veces.

―Volviendo a la difunta, si tienes una información por favor dímela que yo sabré recompensarte en esta vida.

―Yo dudo que esa mujer venga para acá o llame, de todas maneras si llego a recibir alguna noticia te llamo enseguida.

―Bueno mujer yo te agradezco, a propósito Amantita ¿Dónde quedó tu glamour, tu gentileza y cortesía? ―Sorprendido le decía  Juan.

―No te entiendo.

― ¡El café! ¿Qué pasó mujer con tu gentileza?

― ¡OH! Discúlpame se me pasó por alto, es que llegaste que parecías gorila y no lo digo por lo feo, sino que parecía como que ibas a una guerra pero enseguida arregló esto… Gertrudis, Gertrudis, (mande usted señora) Gertrudis, ve a la cocina y ordena a las cocineras que preparen bistec con huevo frito, bastante pan y bastante café para… ¿Me podrías decir Juan cuántas personas están contigo? (somos 20 Amantita y muchas gracias de antemano) Gertrudis son para 19 invitados y uno súper especial para mi querido Juan. Me haces el favor de esperar unos 15 minutos que desayunen tú y tus hombres ―muy gentil abrió sus brazos de cortesía Amantita.

Más parece que Juan iba con su segunda intención pero como en ningún momento Amantita se le paró enfrente, no tuvo pretexto como para hacerle daño, es más, Juan piensa que tiene una aliada en este momento. Después de desayunar él y toda su gente se retira no sin antes desearle buena venturanza, un abrazo y un besito. Cuándo se dirigía a la puerta que está al salir del jardín se topó de nuevo con Gertrudis.

―Ah, aquí estás, que  no se te olvide para la próxima, cuando me veas en la puerta lo único que tienes que hacer es abrir y pedirme de favor que pase, ¿Entendiste?

―Está bien señor, y no hace falta que usted me lo diga porque la señora ya me dio instrucciones sobre usted señor.

―Bueno, pero ya sabes.

Ya en la calle Juan se pone a pensar por un rato: “¿Qué habrá pasado en mi casa? ¿Cómo se enteró Clarí de las órdenes de Jansí?  A menos que alguien de afuera le haya dicho, ¿Pero quién? Amantita no puede ser, a ella la tengo comiendo de mi mano, Jansí, imposible que haya sido él a menos que haya sido alguno de mis guardaespaldas, que sin mi autorización se la haya estado cogiendo a ella, esto tengo que hablar con Jansí, ¿Aparte de ahí quién? De que Patricia intervino no hay duda pero alguien tiene que haberle ayudado, a menos que haya sido Helena mí ama de llaves, mejor eso lo dejo para después lo primero es lo primero. No puedo creer que esta desgraciada se haya perdido por arte de magia”. Mientras algunos de ellos vigilan los alrededores el resto observa a su patrón,  después de esa pequeña meditación se dirige a su jefe de guardia.

―Jansí, por favor acércate.

―Dígame patrón ―decía con obediencia Jansí.

―Quiero que busques a Clarí y cuando le encuentres me avisas, no quiero que le pongas un dedo encima, ¿Me escuchaste?

―Si patrón, yo respeto mucho a la señora Clarí pero sí me da la orden de matarla yo lo hago, y si su orden es sólo encontrarla eso es justo lo que voy hacer ―aclaraba su lealtad hacia su amo.

―Muy bien Jansí, me gusta tu lealtad pero jamás se te ocurra traicionarme.

―Nunca patrón, si yo lo considero como un padre y a mi padre jamás lo puedo traicionar.

―Muy bien, contrata a 10 guardaespaldas nuevos coge cinco y cinco de los viejos y te vas en busca de Clarí, pasa por mi oficina y coge $ 10.000 para los gastos, no te olvides que quiero que me pases informes diarios, también llévate el teléfono satelital y con eso nos comunicamos, ¿Está claro?

―Muy claro patrón, en este mismo momento voy a buscar a la gente pero antes que nada, dejo a mi primo encargado de su seguridad  patrón, es muy bueno en lo que hace ―dijo Jansí.

―Está bien, si sé quién es pero dale muy claras las órdenes, no quiero que cuando regreses lo encuentres sin cabeza.

―Muy bien patrón así será, hasta mi regreso ―se despidió Jansí en camino a una aventura.

De esa manera, se inició la cacería de una mujer que apenas entraba en la adolescencia, inició la carrera por la experiencia, desde que inició su aprendizaje hasta la fecha ni siquiera completan los seis meses y medio, y ya es una mujer a carta cabal aún no realizada, porque no sabe lo que es parir, pero igual ya sabe los sinsabores y los temores que se sufre para crecer como persona. Clarí y su compañera de fuga aunque improvisada continúan su viaje y el tiempo sigue su marcha, el viaje tedioso y largo ha hecho que las viajeras se queden dormidas por el cansancio y de esa forma el tiempo pasa y pasa, ya cerca del punto de encuentro empiezan a despertarse, las dos miraban hacia el techo del vehículo cómo si se preguntaban, ¿Qué hacían ahí? Y después se daban cuenta que no estaban soñando, que era la pura verdad que ejecutaban una acción, y eso era la huida. Ya conscientes de todo Clarí mira a su compañera de viaje y le pregunta.

―Cuando lleguemos al punto de encuentro,  ¿Qué piensas hacer? ―Preocupada le preguntaba Clarí.

―La verdad… no estoy segura todavía porque tengo un pequeño problema, mi familia no sabe qué estoy aquí y peor que estoy metida en este problema, ahora, una vez hice que mi novio me acompañe hasta la casa del señor Juan, ahora creo que él está en peligro, aunque ya lo llamé por teléfono el piensa que es una broma, y por lo tanto hoy me va a ir a buscar a la casa, ahora en este caso no sé qué hacer ―Por un momento baja su mirada como clara señal de preocupación.

―Cómo veo las cosas Patricia, mejor no lo vuelvas a llamar a tu novio, es más te aconsejo que votes ese teléfono, Juan tiene mucho dinero y no dudo que tenga equipos para rastrear líneas, por lo tanto en el momento de efectuar una llamada él nos va a detectar en segundos,  otra cosa, mientras menos sepa tu novio por qué estás huyendo mejor.

― ¿Y usted señora?

―Yo… tengo un camino que sin pensar y peor oponerme, lo tengo que tomar, en buena hora conocí a una señora que hoy le considero como una segunda madre, y por ella, es que pude tomar ese camino sin que me haga daño, en cierto modo, no sé cuál sería mi destino si no se cruza Amantita en mi vida, sea como fuere no me puedo quejar de lo que tengo, claro que en mala hora tú te cruzaste en mi camino, he ahí el resultado.

―Señora, me podría decir, ¿Cuál es ese camino?

―Por mucho que quiera no te puedo decir, hay una razón fuerte que implica vida o muerte y eso quiere decir tu vida y la mía, y si yo quedo viva, no quiero cargar esa muerte en mi conciencia ―una excelente excusa le dio.

―No veo de qué forma vaya a causarme daño si me dice lo que va hacer.

―Es sencillo, si te digo lo que voy hacer no podrás dar pie atrás y  tendrás que venir conmigo, y créeme que no te va a gustar, con decirte que a mí no me gusta pero tengo que hacerlo y además fui entrenada para ello pero tú no. Por otro lado, si te digo y te vas cosa que no puedo evitarlo, ¿Quién quita que en cualquier momento te cojan la gente de Juan? Ellos te van a preguntar y así le digas lo que yo te dije, ellos pensaran que no estás diciendo la verdad, por lo tanto te van a hacer daño y puede ser que te maten, eso sin contar que es casi seguro que ya tienen a tu novio al menos si fue a buscarte a la casa. Mira qué hora es,  son cinco de la tarde y él  te va a ver a las cuatro, según tengo entendido que tú salías con permiso de Helena, y si fue y no te encontró es lógico que te llamara, ¿Sí o no?

―Claro que sí ―afirmó.

―Entonces algo pasó, así que mejor no te digo nada y de ser tú aléjate de todo lo que conoces al menos un par de años, hasta que se enfríe, así como dice la gente de Juan y ellos saben por qué lo dicen.

―Así como me lo explica señora ya me dio miedo.

―Más o menos para que te des cuenta, en pocos meses yo he visto muchas cosas que hacía Juan y su gente,  también he escuchado y he crecido tanto y eso me ha obligado a madurar mucho a la fuerza, por eso es que te hablo así.

―Por eso es que le creo señora y estoy muy consciente con quien vivía.

―A propósito Patricia, ¿Cuántos años tienes tú?

―21 años tengo señora, ¿Por qué?

―Por nada en especial, lo único que te voy a decir es que pienses bien antes de tomar una decisión,  has lo posible por estudiar y aprender lo que más  puedas para que no vuelvas a tener que trabajar, en una casa como una simple empleada y peor en la casa de un mafioso, y loco de paso.

― ¿Y usted señora, cuántos años tiene?

― ¡No me preguntes eso! ―Casi con energía le dijo Clarí.

― ¿Por qué?

― ¡Porque no!

―Cuál es el problema, no me va a decir que sí me dice su edad alguien me va a matar y lo que es peor, nos podrían matar a las dos.

―No se trata de eso, lo que pasa es que me da vergüenza.

― ¡Vergüenza! ¿De qué?

―Si supieras Patricia la edad que tengo, de donde vengo y lo que he hecho en tan poco tiempo, yo mismo me asusto ―hablaba Clarí con nostalgia.

―Me va a disculpar pero voy hablar como usted sabe hacerlo. Cómo veo las cosas Clarí, yo le he contestado a todas sus preguntas, sin verme obligada a hacerlo puesto que ya no trabajo para usted,  como quien dice ya estamos de igual a igual, ahora, yo le hice una pregunta y por favor le pido que sea condescendiente conmigo, ya que es casi seguro que no nos volvamos a ver y eso para mí sería justo ―habló con claridad Patricia.

―Es verdad lo que tú dices Patricia, que tal vez no nos volvamos a ver nunca más y me parece justo que tú sepas algo de mí, ya que por mi estás en este problema sea directa o no ―decía con elocuencia ―. Bien… a ver cómo empiezo… creo que mejor comienzo con mi edad… tengo 14 años y medio (¿Qué?) si como escuchaste, soy una adolescente que he aprendido a vivir en la dureza de la vida, soy huérfana, me han violado con engaño de un supuesto matrimonio, alegando que yo me iba a quedar sola sin contar con una cura milagrosa para mis padres, me enseñaron a ser puta sin tener que hacerlo, gracias a mi madrina conocí a Juan sea el malo o bueno pero para mí fue una buena persona aunque loco y medio, sin contar que me ha mandado a matar y todo esto me ha pasado en cerca de cinco meses o algo así, ahora ya sabes que tu señora era una simple adolescente al lado tuyo, ¿Ya estás satisfecha? He dicho en pocas palabras toda mi puta vida, hasta hace siete meses la vida para mí era de alegría, las flores me hablaban, el monte olía y todo tenía 1000 colores, ahora las cosas son diferentes más creo que me estoy haciendo vieja ―mirándole los ojos a Patricia Clarí se puso a llorar.

―Yo estaba segura que eras joven pero no tenía idea que tanto, y créeme no te envidio en lo más mínimo pero tengo que admitir una cosa, no porque aparente ser adulta, la gente que la conocía a usted la respetaba y la querían, era porque usted se comportaba como una señora aparte de ser muy buena gente, que yo sepa nadie se imagina la edad que usted tiene ―manifestaba Patricia―. Pero ya cálmese, cómo veo las cosas usted tiene mucho por delante y muchas más ventajas que yo, aparte de ser muy bonita tiene un cuerpo escultural, sin contar con semejante cantidad de dinero que lleva en esa maleta, ahora quién quita que conozca al hombre ideal para usted, de esa forma empiece a ser feliz.

―Está bien, es que hace mucho tiempo que quería llorar, a partir de ahora voy hacer lo posible por aprender de las experiencias, de esa forma lograr avanzar muy lejos y llegar a cumplir todos mis objetivos.

―Muy bien.

―Mira ya estamos llegando,  recuerda, cuando bajemos del vehículo tú cruzas la carretera y coges el primer bus de transporte que te lleve bien lejos, lo más lejos que puedas avanzar buscando un lugar donde que nadie te conozca y de esa forma empezar una nueva vida, es más, no voy a ver en qué carro te vas, para no saber a dónde te diriges y ya sabes que eso es por si me cogen a mi primera, no quiero después  que me vayan a querer obligarme a decir hacia dónde te fuiste, por lo tanto yo me bajo y sigo derecho sin mirar, si después de algunos años nos volvemos a ver ni tú, ni yo, nos conocemos al menos mientras Juan viva.

Llegando al pueblo empieza una nueva vida, nueva gente y nueva costumbre, que tendrá que adaptarse más que por fuerza que por razón. El vehículo ha llegado a su punto de parada, las dos amigas improvisadas se miran a los ojos por última vez no sin antes darse un abrazo de despedida, y como la vida tenía que continuar, la una cruzó la carretera y se embarcó en el primer bus que pasaba en ese momento, no sin antes lanzar su teléfono móvil al cajón de un camión que iba en dirección opuesta, Clarí igual, cogió su camino cerciorándose de antemano que Patricia no se vaya a dar cuenta, caminó  una cuadra cogió un taxi dirigiéndose más al centro del pueblo, como Clarí no le había dado dirección al taxista, él le pregunta.

―Buenos días señorita, ¿Hacia dónde la llevo? ―Le preguntaba el taxista.

―Disculpe señor, estoy buscando un Pullman ejecutivo que hoy tiene que haber llegado ―decía Clarí.

―La verdad señorita, no sé de lo que me está hablando ―decía el chofer ignorando lo que Clarí le pedía.

―Hagamos una cosa, ¿Dígame si aquí hay un lugar donde lleguen los buses de transporte?

―Si claro que hay  ―decía el chofer.

―Entonces lléveme ahí.

―Muy bien señorita, allá vamos volando ―le dijo el chofer y en seguida buscó la dirección requerida.

―Me podría de… (Zulema… Zulema) cir, disculpe, ¿Escuchó eso? ―Algo le pasa a Clarí.

― ¿Qué cosa?

―Escucho como que alguien me llama (Zulema… Zulema… reacciona) ahí está de nuevo, lo raro es que me llaman con mi otro nombre, ¿Quién podrá ser? ―Clarí se puso nerviosa por la voz misteriosa.

―Discúlpeme Señorita pero no oigo nada ―replicaba el taxista.

Mientras Clarí hace lo posible por llegar al punto de encuentro, siente que algo no está bien, escucha que alguien la llama, ¿Pero quién? Si ella va dentro de un vehículo pequeño que es el taxi, entonces por lógica que de ahí dentro no es, de fuera imposible, porque el vehículo va a velocidad sin contar que está sentada bien reclinada y por lo tanto, nadie la puede ver, de pronto siente que la mueven, ella se asusta, no sabe lo que le está pasando, el taxista la mira por el espejo retrovisor con mirada fija y algo le dice, de pronto delante de ella se aparece una imagen, esa imagen es conocida, la imagen es de dos hombres que están junto a ella y esos hombres son, ¡Claro! Tony y Martíno, Clarí por un momento no sabe lo que le está pasando pero de pronto reacciona.

―Ah, hunnn… ¿Qué pasó? ¿Por qué me miran así? ―Preguntaba Zulema muy intrigada.

―Tranquila que no ha pasado nada, lo que pasa es que llegué a la casa y te encontré acostada en la cama donde estaba Tony ―decía Martíno con cierta duda.

― ¿Qué? ¿Acostada en la cama de Tony? Estás loco ―decía Zulema.

―Y que… ¿Acaso no te has dado cuenta dónde estás acostada? ―le preguntaba Martíno.

―Martíno, yo te puedo explicar ―decía Tony.

―Más te vale que sea una buena, porque veo algo chueco aquí.

―Bueno… lo que (tú no vas a poder explicar lo que me pasó a mí) si tú lo dices entonces continúa ―Zulema interrumpe en el momento que Tony empieza a hablar.

―Entonces continúo yo, resulta que estábamos conversando Tony y yo, de pronto sentí algo como mareo y de ahí no me acuerdo nada hasta que ustedes me despertaron ―según Zulema.

―Oye cuñada, me diste es un buen susto.

― ¿Por qué? ―Preguntaba Zulema.

―Porque parecías como muerta, estabas todo aguada, con decirte que para subirte a la cama, tuve que arrastrarte ―Tony explicaba mientras Martíno observaba.

―No me digas que Martíno estaba de adorno, a propósito que haces en la casa Martíno si tiene que estar en el trabajo.

―Cómo quieres que esté ahí sí ya cerré el almacén hace horas.

― ¡Como que hace horas! Si apenas creo que son  las 10 de la mañana ―molesta decía Zulema.

― ¡10 de la mañana! ¿No tienes idea  qué hora es ahora? ―Le preguntó Tony.

―No, creo que no, por la cara que ustedes me han puesto no tengo ni idea, no me vayan a decir que son las 12 del día ―sentenciaba Zulema.

―No sé qué mierda te está pasando a ti  Zulema, te has pasado inconsciente como desde las nueve de la mañana y en este momento son las nueve de la noche, bueno eso según Tony, la cuestión es que Tony no sabía a dónde llamarme y ha tenido que esperar a que yo llegue, apenas llegué fui a ver un médico y te ha examinado y te ha encontrado que estás muy bien, quedando desconcertado el galeno que mejor optó por irse, ahora si no tienes nada y como me doy cuenta que en lo exterior tampoco tienes nada que te afecte,  la pregunta es, ¿Por qué caíste inconsciente? ―Buena pregunta de Martíno.

―Y yo que sé ―decía Zulema.

―Sólo estábamos conversando de pronto como que cerró los ojos y se desvaneció,  como estaba arrimada a la pared y solo cayó sentada, eso fue todo, y por más que traté de que reaccione no lo logré, de paso como no se tu número de teléfono lo único que hice fue esperar ―expuso Tony.

―Zulema te pregunto, ¿Estás embarazada? ―Preguntó Martíno.

― ¿Estás loco, y cómo voy a estar embarazada? Sería un milagro de Dios…Continuará capítulo 13

©Clarí una historia cuántica Todos los derechos reservados Roberto Sanahuano    Escrita en el 2006 y registrada en el 2008 I E P I   030100


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