29

Descuido mortal

―Señor, si es así parece que encontramos a alguien que se le parece, con la única diferencia de que tiene pelo negro y ojos negros y un poco más mayor de lo que está en la foto.

―Fantástico, cualquier cosa que se le parezca vale la pena investigar, debo comunicarle primero al señor Jansí, así que espere órdenes.

―Sí señor, como usted diga.

Muy emocionado se puso  el señor Peke con la noticia que le dio el líder siete, sin perder el tiempo se dirige a las oficinas del Sr. Jansí, esto le va a caer como bomba debido a que ha pasado mucho tiempo en la búsqueda sin conseguir nada, ya que en apariencia da la impresión de que el señor Peke tiene una especie de sexto sentido, y de la misma forma como sucedió con él anterior operador de las computadoras, le está sucediendo ahora, algo le anuncia de que el informe es el correcto.

Novela de ficción
Clarí capítulo 29 Descuido mortal

El señor Peke llegando a la oficina, tiene que comunicarse primero con los guardaespaldas para que de esa forma sea anunciado ante el señor Jansí.

―Buenas noches, por favor solicito audiencia con el señor Jansí ―decía el señor Peke.

―Buenas noches señor Peke, por favor me espera un momento que lo voy a anunciar ―dijo el guardaespaldas mensajero.

―Está bien siga no más.

De igual forma como el anterior, el mensajero se dirigió a la puerta principal y entrando le comunica lo que está pasando al señor Jansí.

―Disculpe señor Jansí, está el señor Peke afuera y quiere hablar con usted ―decía el guardaespaldas.

―Otra vez  Peke, ¿Y ahora que quiere? ―Dijo Jansí.

―No dijo señor, pero parece importante.

―Bueno no tengo otra opción, déjelo pasar.

―Muy bien señor enseguida.

De esa forma el guardaespaldas se dirige al encuentro con el señor Peke, en el momento que se acercaba a él, se dio cuenta que estaba un poco nervioso y le pregunta.

― ¿Todo bien señor Peke? ¿Le puedo hacer una pregunta? ―le dijo el guardaespaldas.

―Si claro.

―Lo veo un poco nervioso, ¿Es muy importante lo que le va a decir al señor Jansí?

―Claro que sí, tenemos algunos años que no teníamos una señal de la persona a quien buscábamos, de pronto hemos recibido un punto de acierto, y eso es justo lo que vengo hablar con el señor Jansí.

―Muy bien, pase adelante que lo está esperando.

Peke cruzó el canto de la puerta y se dirigió a la entrada principal,  presentándose ante los otros guardaespaldas y entra a la oficina del señor Jansí.

―Buenas noches señor Jansí, le traigo en apariencia una excelente noticia.

―Explíqueme… ¿A qué se refiere con “apariencia”?

―Lo que pasa, es que el grupo siete recorriendo el sector 21, se topó con una pareja en la cual la mujer tiene un parecido sorprendente con la señora Clarí.

― ¿Cuál es la diferencia?

―El color del cabello señor, y los ojos.

―Hábleme más claro tarado, dime todo de una vez y no que me dices de poquito en poquito.

―Muy bien, le pido disculpas, la mujer que encontró el grupo siete, tiene cabellos y ojos negros con cara de adulta, claro comparado con la foto, pero por el resto es igual, yo estuve pensando que es fácil cambiarse el color del pelo y de los ojos también, ¿Quién quita que sea la señora Clarí?

―Tiene sentido, pero, ¿Estás seguro que se parece bastante a la foto?

―Bueno yo confío en el líder del grupo siete, es un mercenario a sueldo y por lo tanto un profesional, yo no creo que el este  imaginando.

―Si usted pone las manos en el fuego por él, sólo podría decirle una sola cosa.

―Por supuesto que sí, yo mismo lo hice venir del Medio Oriente y sé que él no me va a fallar.

―Muy bien no me queda más que decir ¡Vamos! ―Dijo el señor Jansí muy emocionado.

―Disculpe señor pero creo que le escuché, ¡Vamos!

―Sí, y ya me voy a quitar este traje que me estaba ahorcando el cuello con esa corbata muy ajustada, enseguida me pongo el uniforme cojo el armamento y nos vamos.

―Como usted diga jefe.

Jansí tenía un buen tiempo vistiendo traje y corbata aunque aparentaba que disfrutaba de su trabajo, en realidad no fue así, ahora que él ha revivido el instinto de comando, al extremo de volver a vestir su uniforme con el consabido armamento, se siente como en casa. El tiempo ha pasado y los sentimientos que sentía hacia la señora Clarí han disminuido, el único sentimiento que tiene ahora es el de lealtad hacia su patrón, de esa forma el va  hacer su papel de la mejor forma posible. Jansí ha dejado tras de sí a un viejo ejecutivo y ha vuelto a ser un joven comando, tan emocionado como si fuera una guerra, como quien dice es cosa de locos.

―Muy bien, sé que ya estoy listo, ¿Sabe qué hora es? ―Preguntó Jansí.

―Va a ser las nueve de la noches señor ―dijo Peke.

―Muy bien, quiero que le comuniques a todos los hombres, que hagan doble turno y que igual se les va a reconocer el debido pago, mientras tanto tú y el grupo siete junto Conmigo vamos a investigar a esa mujer antes de darle el comunicado  a mi patrón Juan.

―En seguida señor Jansí.

―Entonces vamos para el sector 21 porque tenemos que peinar la zona.

Los dos comandos salieron rumbo al sector 21 con toda la ilusión de hacer un buen papel ante su patrón, sin siquiera sospechar lo que el destino le va a deparar en el futuro. Sombras negras se acercan a la casa de Martíno, ¿Quién será?

9:00 de la noche y en Poste partido ya está don Saturnino caminando como zombi sin tener qué comer, sin sentido, de pronto ve a lo lejos una sombra que se acerca y más allá, ve otra sombra que venía corriendo hacia el punto donde él estaba.

―Que  irresponsable la gente, se dijo nueve en punto de la noche y no han llegado, aunque por ahí veo una sombra media chueca que se acerca, y más allá una ligera que también se acerca, (compadre Saturnino), ya sé, esa sombra de chueca es mi compa lucho, (don Saturnino ya estoy aquí), y no queda más que la otra sombra es de Pepe ―dijo don Saturnino.

Las dos sombras se acercaban al mismo tiempo que les hablaban, y don Saturnino como quien padre no ha sido obedecido, se mantenía parado con una estaca todo bien serio porque no han llegado a la hora señalada, ya estando a una distancia de una escupida viene el consabido saludo.

―Compadre buenas noches, lo veo bien serio ―dijo don lucho.

―Buenas noches don Saturnino disculpe que llegué tarde ―decía Pepe.

―Qué linda hora es la que ustedes llegan, un poquito más y mejor a la medianoche.

―Tranquilo compadre saturnino que más vale tarde que nunca.

―Disculpe don saturnino, pero recién son 9:05 de la noche y me parece que no hemos llegado tarde, aunque si quiere aplicar la de recto, bueno si es tarde.

―Bueno igual tenemos que irnos enseguida, tengan los boletos del pasaje y vamos rápido que el carro está en la esquina ―dijo don Saturnino.

―Si tiene razón vamos rápido, y usted don Pepe, ¿Sí trajo lo necesario?

― ¿Lo necesario? ¿Para qué?

―Para la cacería pues, no va a pensar que vamos a ir de visita ―dijo don lucho.

―Capaz que Pepe no trajo nada ―dijo don Saturnino.

―Ustedes se equivocan conmigo, yo no vengo sólo, yo vengo con mi matóna ―dijo Pepe muy confiado.

― ¿Matóna?… ¿Y eso qué es? ―Preguntó lucho.

―Es el nuevo machete automático, que tiene hoja por los dos lados con dos filos en cada hoja. De paso tiene una tercera que sale como navaja, ya que así forma una especie de abanico, eso quiere decir que si me atacan por detrás, me defiendo bien, si es por delante y atrás, me defiendo, ahora si es por el costado y no tengo como virar, simplemente alzo el brazo y lo cruzo a cualquiera que sea.

―Usted está loco don Pepe, yo no he visto en ninguna parte un machete de esa forma, a si  que no me diga  ese cuento, además si fuera cierto tiene que ser efectivo ―dijo don lucho.

―A ver Pepe, tú que llegas sorprendiendo a la gente, enséñanos el dichoso machete ―dijo don Saturnino.

―Sus deseos son órdenes, aquí está.

Los incrédulos miraban a las manos de su compañero de armas Pepe, el se agacha y quita el nudo de un saquillo grande, y saca un machete de tamaño mediano con una hoja reluciente con doble filo igual como la gladius romana, pero en el momento en que apreta un pequeño botón, sale la hoja del mango un poco más pequeña y así mismo, apreta otro botón y sale del medio del mango, otra hoja. En total se  parece a un triángulo o abanico.  Don Saturnino no paraba de sorprenderse y al mismo tiempo se reía, por más que veía  el machete no encontraba la otra hoja que debía tener, y Pepe se da cuenta de eso y explica.

―Tranquilo don Saturnino, no se ría antes de tiempo, la segunda hoja que tiene mucho filo sale del mango y sólo tiene que aplastar este botoncito, mire.

Los dos incrédulos quedaron boquiabiertos inclusive quisieron que él les entregara el suyo, pero hay una sorpresa.

―Pepe esa arma es muy peligrosa en tus manos, mejor yo la tengo ―dijo don Saturnino.

―Mejor la tengo yo, yo podría hacer buenos cortes con esto y quién sabe si hasta vuelo algunas cabezas ―decía el compadre lucho.

―Pues para ninguno de los dos, ya que este machete es mío pero no se preocupen, ya me imaginaba que ustedes iban a sentirse muy envidiosos, por eso traje tres más.

― ¡De verdad Pepe!

―Pues claro, y que pensaban que yo iba a ser el único en divertirme, además traigo el revólver.

―Oiga don Pepe, pero sobra uno ―dijo lucho.

―No sobra nada, ya que ese machete es para mí amigo Tony.

―Carajo, ahora sí que vamos bien machos, muévanse que se va el carro ―dijo don Saturnino.

9:20 de la noche los tres macheteros viajan a La Gran Ciudad, su misión es salvar a los hermanos Pyma, aunque nadie sabe lo que les espera en dichosa casa, ni siquiera don Saturnino conoce el lugar, apenas tiene una dirección que Martíno le dijo hace un tiempo, la cuestión es que van decididos a todo. Pepe no tiene ni la más mínima idea con quién se va a topar allá, don Saturnino peor, si supieran que todo el problema es por la manzana de la discordia llamada Clarí, pero bueno creo que eso debe quedar en segundo plano en estos momentos, Saturnino y lucho llevan cada uno un machete de sobra que tal vez a alguien le va a servir. Ya bien cómodos en sus asientos se disponen a descansar en espera de llegar a su destino, y ahí saber que le depara el futuro. En casa de Martíno no se atrevieron a hacer ningún comentario frente a Tony, puesto que él no tenía ni la más mínima idea de quién era Zulema, ahora a Martino lo único que se limitó fue a pedir comida a un restaurante que despachan a domicilio, nadie decía una palabra en esa casa, y como siempre, siempre hay un aventado.

― ¿Puedo preguntar algo? ―Preguntó Tony.

―Ah, si, claro que sí ―dijo Martíno.

―Yo no sé, pero siento algo raro en el ambiente, sin contar que ustedes tienen cara de muy preocupados, es como que si estuvieran asustados, y como yo soy de la familia me atrevo a decir ¡¿Qué mierda les pasó en la calle?!

―No ha pasado nada cuñado, lo que pasa es que estamos esperando la comida.

―Y por esperar la comida están con la cara de que ya mismo se cagan.

―Mira Tony, no te voy a mentir pero creo que debes irte lo más pronto de aquí.

― ¿Por qué? A mí no me van a decir que me vaya y ya, díganme qué está pasando, (tic tic tic ha ha ha), la puerta, si es verdad que están preocupados por la comida, pienso que después de comer ya no va haber problema, (tic tic tic ha ha ha), otra vez, tiene que ser de la comida, voy abrir, (espera no vayas), que pasa Martíno.

―No pasa nada, pero deja que yo voy abrir ―dijo Martíno.

―Ten cuidado Martíno, mira primero por el costado antes de abrir ―dijo Zulema.

Si que estaban muy nerviosos los dos, no sabían en qué momento les podían caer los hombres de Juan, Martíno ni siquiera tenía un plan y ni siquiera sabía que venían en camino los tres macheteros, a pesar de que él no sabía qué tipo de gente eran los mercenarios, nunca llegaron a pensar de que tarde o temprano tendrían que enfrentar a la muerte, por esa razón ni siquiera la pistola que le obsequió Amantita a Zulema no la tenían, pensaron que saliendo del pueblo hace algunos años ya eso quedaba atrás, aunque una leve idea tenían de que tarde o temprano deberían de cambiarse de lugar, pero de igual, Martíno fue abrir la puerta y verificó por el costado que solo se trataba, del repartidor de comida del restaurante.

―Tranquilos que sólo es la comida ―abre la puerta con toda la confianza sin dejar de mirar a los alrededores al disimulo―. ¿Cuánto le debo?

―Son 12 dólares señor ―dijo el repartidor.

―Tenga, aquí hay 15, el vuelto es para su propina.

―Gracias señor y buen provecho.

El señor de la entrega cogió su vehículo y se retiró a toda prisa, Martíno cogió los paquetes de comida y cerró la puerta, ya dentro le entregó a Zulema para que sirviera la comida, Tony observaba la situación y no se tragaba el cuento de que no pasa nada, así que se le acercó a Zulema en la cocina y le preguntó.

―Zulema, ¿Podrías explicarme qué está pasando?

―No pasa nada  Tony.

―Dime la verdad, para mí que tiene relación con lo que me ibas a decir hoy al mediodía, ahora quiero que me digas que me ibas a decir.

―Por favor, ya es demasiado tarde y no me preguntes más.

―Es que yo tengo derecho a saber, si me van a matar por lo menos dime la razón.

―Yo te rogué Tony, te pedí que te quedarás para decirte lo que tenía que decir, y tú preferiste ir atrás de esa puta y no me hiciste caso ―muy dolida le dijo.

―Pero ¿Qué era tan importante que tenías que decirme? Bien aquí estoy dime lo que sea.

―Bueno, de todas maneras ya no importa, te acuerdas cuando te pregunté si habías tenido relación con alguna chica o algo parecido, tú me dijiste que si, y que de ella no te podías olvidar y que te pasaba algo raro, cuando me veías a mi la veías a ella, y no sabías por que te inquietaba mucho, aparte de eso el nombre que dijiste que fue Clarí, pues no sé como lo vayas a tomar tú pero Clarí soy yo, ( ¡Que!), si como lo escuchas, yo no sabía por qué tú me inquietabas a mi, cada vez que te veía me entraban unos deseos locos de hacer el amor contigo, pero yo sabía que no se podía puesto que eres mi cuñado, pero no podía resistirlo de saber que el amor de mi vida, el que en verdad me hizo sentir mujer eras tú y que estabas a pocos metros de mi, pero te juro que nunca me imaginé todo esto, si no fuera por los desmayos que tuve que fue ahí que descubrí todo, yo te amo de verdad Tony.

―Entonces tú eras la chica que estaba en el bar de la vira vuerta, la que me cobró 100 dólares, y que no me quiso hacer ni una rebajita.

―Si Tony, soy yo ―dijo muy apenada.

―Sabías que de aquel día no he vuelto a tocar a una mujer, sólo de pensar que tú algún día ibas a regresar.

― ¿Por que?

―Solo porque me enamoré de ti, y cuando decidí salir de mi pueblo también enterré la idea de que algún día te iba a ver, pero nunca me imaginé que el destino nos iba a juntar, pero sabes que es chistoso de que ahora que te tengo en mis manos hay una probabilidad de que nos maten, y ni siquiera se por qué.

―Entonces, ¿Tú me amas?

―Siempre te he amado, inclusive cuando te vi. Aquí el corazón me palpitaba con demasiada fuerza, y ahora, ¿Qué hago? Tú eres la mujer de mi hermano y yo no puedo traicionarlo.

―No te preocupes mi amor, que ya hablé con Martíno.

― ¿Qué hiciste? ―Preguntó sorprendido…Continuará capítulo 30

©Clarí una historia cuántica Todos los derechos reservados Roberto Sanahuano    Escrita en el 2006 y registrada en el 2008 I E P I   030100


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