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Tony pide ayuda

―Es posible, es muy posible que ese número no lo tengan, puesto que es nuevo, aunque no me guste tengo que agradecer a esa mujer, que tal vez nos salve la vida, pero una cosa sí te digo Tony, después de usar ese teléfono lo botas, (ya mi amor como tú lo digas), entonces, ¿Qué piensas hacer con él?

―Voy a llamar a mi amigo Pepe y a decirle lo que está pasando, conociéndolo… a más tardar el está aquí en la madrugada, y fijo que viene con gente.

―Error, es muy erróneo, los equipos que tiene la gente de Juan pueden captar cualquier señal, al primer indicio de problemas y peor si da la dirección de aquí, ellos se van a dar cuenta y quién sabe, si a lo mejor a él también lo van a esperar en la llegada y no sé qué pasaría ―dijo  Zulema.

―Clave ―dijo Martíno.

― ¿Qué? ―Preguntó Tony.

Novela de ficción
Clarí novela cuántica capítulo 31 Tony pide ayuda

―Clave, con una clave, que es igual como en las computadoras, si tú le pones una clave a lo que haces nadie puede ingresar ahí, a menos que también sepa la clave, con eso te digo que no lo llames para hablar por teléfono, mándale un mensaje en clave con esta dirección, y si es tu amigo el te va a entender.

―Es cierto, ya sé cómo le voy a mandar el mensaje, bueno a ver si me acuerdo del número, Ah ya, 555-06709-666, a ver, enviaré el mensaje y dice: “urgente cardenales al chancho lo quieren capar con motosierra tu amigo vira y dando la vuerta a costa este”, ya está, él me va a entender ―dijo contento Tony.

―Qué mensaje para más hijo de su madre ―dijo Martíno―. Pero si funciona estamos bien.

El trío estaba jugando su última carta, aunque ellos no estaban al tanto de que  mismo estaba pasando afuera, pero el miedo a lo desconocido es muy poderoso, hace que algunas personas se paralicen, griten, o hagan un montón de diabluras, y por el momento ellos lo estaban manejando muy bien, ahora toca esperar para saber si su amigo recibe el mensaje y responda a la mejor forma como sería con su presencia, lo que ellos no saben es que Pepe ya está en la gran ciudad, y como sabemos no está solo. Hora 9:20 de la mañana y los hombres de  Jansí ya están listos y preparados para completar el plan.

―Señor Peke, ordene a sus hombres que se preparen lo más rápido que puedan.

―Ya está listo señor, todos lo están esperando a usted.

―Caramba, que esmero.

―Listo señor Jansí, déme su orden.

―Partamos lo más rápido hacia el sector 21 y junto con los demás hombres peinamos  la zona ―dijo Jansí.

Y de esa forma continuaron con la búsqueda, pero ahora sí está claro que en el lugar que deben concentrarse es en el sector 21. En esos mismos momentos en el Terminal terrestre de La Gran ciudad, ya estaban en pie los tres macheteros y de pronto, el más joven o sea Pepe, pega un brinco asustado y  enseguida pone la mano izquierda, en el bolsillo izquierdo de su pantalón y se da cuenta que es el teléfono, sus acompañantes también se asustaron por la reacción de él, y le preguntan.

― ¿Qué pasa hombre? ―le preguntó don Saturnino.

―Y este parece que tiene cucaracha en el pantalón.

―Chuta madre, es este condenado teléfono.

―Se nota que este sí que es montubio montubio ―dijo don lucho―. Y tanto alboroto por un simple teléfono.

―Lo que pasa es que el único que me sabe llamar es Tony, y como hace mucho tiempo que se fue y que este teléfono no sonaba, y ahora hasta me hizo cosquillas.

― ¿Cómo que, cuando llama Tony? ―Preguntó don Saturnino.

―Sí, es que sólo él tiene mi número, ¿Por qué? ―dijo Pepe―. Pero que cojudo, tiene que ser Tony  el que me está llamando, o a lo mejor es un mensaje, a ver voy a revisar… aquí no está… Ah ya, ya si es un mensaje, pero este número yo no lo conozco.

―Pero ¿Qué dice? ―dijo don Saturnino.

―Dice… “urgente cardenales al chancho lo quieren capar con motosierra tu amigo vira y dando la vuerta a costa este” nada más, ¿Y qué quiere decir esa pendejada?

―Haber compadre lucho, usemos el cerebro que para eso lo tenemos, Pepe dice que no conoce ese número pero el mensaje le llegó a él, y habla de chancho, motosierra y que le quieren volar las bolsas eso sí tiene que doler, (ahí está pues compadre), que cosa, que está qué, diga pues compadre.

―Eso significa que el chancho esta en problemas, y que está a la vuelta, (vuerta), lo mismo da, y dice que es tu amigo, qué raro no tengo ni idea qué significa ―dijo el compadre lucho―. Ahora que me acuerdo compadre Satu, la dirección de Martíno me parece que dijo cardenales.

―Cierto compadre, déjeme ver aquí en mi bolsillo tengo la dirección, ya aquí tengo, dice: “los cardenales 10020 y costa este”.

―Conociendo a Tony, para mí que él mandó el mensaje, y si no me llamó al teléfono para hablar es porque no lo puede hacer, por eso manda el mensaje, lo que me parece raro porque no habla claro.

―Tenemos que hacerlo rápido, ya son 9:50 de la mañana y todavía estamos aquí parados ―dijo el compadre lucho.

―Pero sí está claro, es Tony el que me manda el mensaje, porque la dirección que tiene don Saturnino es igual a lo que dice al comienzo y al final del mensaje, y que el chancho esté en problemas es a él, si no entonces por qué pone vira vuerta o no se dieron cuenta.

―Tienes razón don Pepe, ahora mándale un mensaje por teléfono y sólo dile, ” ya llegamos y vamos para allá”, sólo eso, perdón me olvidaba, también ponle P P de tu nombre, y si él te conoce el sabrá quién es ―dijo don Saturnino.

―Tiene razón, bien, escribo eso y pongo las dos P.

―Mire compadre, ahí esta un señor que nos llama para llevarnos en el taxi, apúrese don Pepe, (ya voy), que tenemos que irnos rápido.

―Ya está, vamos.

Mientras el mensaje está en camino, los tres macheteros se embarcan en el taxi y se acomodan en el asiento posterior, en ese momento el taxista les pregunta.

― ¿Hacia dónde los llevo señores?

―Buenos días señor chófer, nosotros vamos a la casa de mi hijo y la dirección que nos dio es,  Los Cardenales 10.020 y Costa Este.

―Ah, los cardenales, eso es al otro extremo de la ciudad, pero no importa yo los llevo rápido y les cobro barato.

―Muy bien señor, usted es el que manda pero lo más rápido que pueda ―dijo don Saturnino.

―Compadre Satu, que le parece si empezamos a sacarle brillo al juguetito que nos dio Pepe.

―No tienen porque hacerlo, aparte que son vírgenes son buenos, con decirles que con eso se pueden rasurar y no lo van a sentir.

―Ah carajo, si es tan bueno como dice, sin ningún problema se puede partir a un cojudo de un solo tajo.

―No lo he probado pero me dijeron que si es posible ―dijo Pepe.

Y así se pasaron conversando mientras el vehículo llegaba a su destino, tiempo suficiente para que el mensaje sea recibido por Tony.

― ¿Habrá recibido el mensaje tu amigo? ―Preguntó Zulema.

―Espero que sí.

― ¿Qué hago? ―Preguntó Martíno.

― ¿Por qué? ―Preguntó Zulema.

―Los trabajadores tienen que estar esperando que llegue, y yo estoy aquí asustado.

―Como veo las cosas  hermano, creo que tú tienes que salir nomás, ya que a ti no te conocen y por lo tanto puedes salir y subirte al vehículo y sin problemas, vas a tu trabajo pero no des a notar que estás nervioso, Porque justo eso les va a llamar la atención.

―Yo creo que si ―dijo Zulema.

―Pero si lo vas hacer, sólo hazlo porAh, (¿Qué pasó?), mi teléfono, parece que Pepe me ha contestado.

―Mira rápido, ¿Qué es? ―Dijo Zulema.

―Espera un momento, ya, dice,”Ya llegamos y vamos para allá de PP”, Que les dije, que basta que yo lo llame y el viene enseguida pero nunca pensé que  tan rápido.

―Tu si que tienes verdaderos amigos ―dijo Zulema.

―Si, pero en cuanto el se entere quien eres tú, de seguro que me tranca un golpe.

―Vaya pues, sólo faltaba eso ―dijo Martíno.

― ¿Qué faltaba? ―Preguntó Zulema.

―Que tengas otro pretendiente ―dijo Martíno―. Pero te juro que no te estoy diciendo como reproche.

―Si, está bien, pero yo ni siquiera lo conozco, no tengo idea ni quien será.

―Tranquilos que yo en cualquier momento les explico, por el momento hay que estar preparados cuando ellos lleguen ―dijo Tony.

Tiempo de espera, y eso mismo es lo que más desespera. 19 personas repartidas en ocho vehículos, se daban las vueltas y no atinaban cual era la casa en la que tenían que entrar, más de una vez pasaron por la casa de Martíno sin darse cuenta donde era.

10:20 de la mañana, Los hombres de Jansí han parado los vehículos y se disponen a preguntar casa por casa, y han cogido como punto de inicio la primera casa que está cerca de 1 Km. de distancia de la de Martíno, y para abarcar más rápido se han repartido dos por calle y avanzan en línea recta, poniendo como centro la calle Los Cardenales. Más temprano que tarde van a dar con la casa indicada, mientras tanto Martíno se ha decidido a salir ya que un personal de trabajo lo espera.

―Bueno me parece que ya es hora de dármela de macho y me voy.

―Excelente hermano, sal con toda tranquilidad y no mires a nadie, acuérdate de los días cuando caminabas en las noches por el campo, y uno siente clarito cuando alguien lo está mirando y tú sabes que si le demuestras miedo el enemigo te cae  encima.

―Tienes razón, me he acostumbrado tanto a La Gran Ciudad que había olvidado eso, entonces me voy.

―Que tengas un buen día Martíno ―le dijo Zulema.

―Yo también te deseo bien hermano.

―Gracias a los dos, voy a ver si dejo a alguien encargado y regreso enseguida, y si no es así en el momento que pueda vengo.

De esa forma Martíno procedió a salir de la casa sin mirar a nadie, entra en su vehículo aplastó  el automático de la puerta del garaje y salió de la forma más tranquila.

10:30 de la mañana y los pasajeros del taxi se han dado cuenta que el tiempo ha pasado, y el panorama a su alrededor ha cambiado drásticamente, todos tres se miraban las caras como que haciéndose alguna pregunta de dónde estaban, hasta que  pepe hace una inocente pregunta.

―Compañeros, ¿Si se dieron cuenta cómo han cambiado las casas?

― ¿Y este cojudo a donde es que nos lleva? ―Dijo don Saturnino.

―La verdad, no tengo ni idea, como es primera vez que vengo a La Gran Ciudad ―dijo don lucho.

―Oiga señor, ¿Adonde es que nos lleva? ―Preguntó don Saturnino.

― ¿Y a donde más los voy a llevar? No se preocupen que donde ustedes van es en la costa, mire bien la dirección y verá ―dijo el chófer del taxi.

―Pero se ve que es bien lejos, porque ya ni casas se ven por aquí, más se parece el camino que va a la casa de don Saturnino, que se ve una casa cada 1 Km. ―dijo Pepe.

― ¿Oiga que les pasa a ustedes? ¡Parece que me están ofendiendo! ―dijo el chófer del taxi.

―Tranquilo no es para tanto, sólo le estamos diciendo que parece que se ha perdido, porque yo tengo unos ojos de águila y a la distancia se ve clarito que vamos saliendo de la ciudad ―dijo el compadre lucho.

―O sea que me están tratando de mentiroso,  yo por quererles servir a gente ingenua del campo para que no sean presa de ningún malandrín, ¡Y qué saco! Me tratan de mentiroso ―dijo muy dolido el taxista.

―Don Saturnino, mire la hora que es, ya llevamos casi media hora en el taxi y ni siquiera se ven luces en el camino ―dijo Pepe.

Los tres macheteros estaban entrando en sospecha de que algo malo estaba pasando, porque era cuestión de cálculo, si ellos estaban en la ciudad y trasladarse a cualquier punto por muy lejos que fuera era cuestión de 15 o por mucho 30 minutos y llegaban a cualquier ciudadela o casa, y por lógica eso no estaba pasando porque mientras más tiempo pasaba más se alejaban de la ciudad, ellos sin darse cuenta, parece que están cayendo en algo oscuro en la acción del taxista. Esto es lo que se podría decir  “pobres pueblerinos”, no saben dónde se han metido, como no queda otra hay que continuar con la historia.

― ¡Esto ya me huele a robo! ―dijo don Saturnino en tono alto.

―Esto ya es el colmo, ahora me han dicho hasta ladrón ―dijo el chófer del taxi.

El taxista con todos los síntomas de haber recibido una injusta calumnia, reacciona de una forma brusca, nadie se percató del movimiento de manos que hizo el taxista, aprovechando esta situación el facineroso, frena con todas sus fuerzas de una forma que el vehículo casi paró a raya, y ya pueden imaginarse a dónde fueron a parar los valientes macheteros, el chofer pensó que como son del campo son tontos aunque sí lo aparentaban, la cuestión es que los tres se asustaron con semejante frenazo, que fueron a parar al asiento delantero y todos golpeados y un poco desconcertados se miraban las caras entre ellos, tal situación es aprovechada por el chofer, que en fracción de segundos se baja del vehículo y empieza a silbar muy fuerte llamando, en clara señal de que llama a alguien, la acción fue tan rápida, que ninguno de los tres pasajeros se dio cuenta que por la puerta derecha se acercaron cuatro tipos bien fornidos, y uno de ellos abre la puerta y de un jalón saca a Pepe y lo tira contra el suelo para acto seguido ser golpeado por uno de los malandrines.

―Ah carajo, ¿Qué pasó? ― dijo Pepe―. Parece que nos, (ven acá), ¿Qué?.. Espere no ay.

Sin dar tiempo a nada sujetan del brazo a don Saturnino, lo sacan, lo tiran al suelo y también lo golpean.

― ¿Qué esta pasando? ―Preguntó don Saturnino―. (Tu también ven),  pero que… no que… eh ah no ay.

Pero en el segundo que van a sacar a don lucho, el que metió las manos para cogerlo a él, pegó un grito y salió corriendo, nadie se dio cuenta del por qué.

―Ahora te toca a ti, Ay…no…no ―dijo el malhechor.

Todos atónitos, incluyendo a don Pepe y don Saturnino miraban asustados con la pregunta “¿Qué pasó?”,  estaban paralizados golpeadores y golpeados, parecían estatuas mirando asustados como corría desesperado el otro hombre, que enseguida dirigieron la mirada hacia el interior del taxi, de cuyo interior se veía una sombra negra y algo que resplandecía con brillo deslumbrante, por un momento pensaban que era algo maligno, aquella sombra empezó a salir  del taxi sacando primero una mano poniéndola en el marco de la puerta, luego sacó una pierna y enseñando la matona aparece don Lucho con mirada asesina y una voz de ultratumba…Continuará capítulo 32

©Clarí una historia cuántica Todos los derechos reservados Roberto Sanahuano    Escrita en el 2006 y registrada en el 2008 I E P I   030100


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