34

Alerta roja 

―Bueno si tú quieres, hace algunos años yo me casé con un hombre muy rico y muy poderoso, pero no sé por qué de la noche a la mañana mandó a sus hombres a matarme, si no fuera por la acción valiente de mi ama de llaves, y una de las chicas que hacía de la servidumbre que me ayudaron a tiempo, de paso tengo una madrina que me ayudó mucho, y por ella conocí a ese hombre, y me veo en la obligación de decirles quién soy para que no haya sorpresas en el futuro. Mi nombre es Zulema del Pasto, pero me hacía llamar Clarí, (¡Qué!),  <ya me parecía conocida>, y creo que uno de ustedes ya me ha visto o ya me conocía, no espero que me crean pero si yo estaba en ese bar era porque me estaba escondiendo, aunque no duró mucho pero fue el lugar donde conocí a los dos hombres maravillosos, el uno porque me ayudó a salir donde estaba, y el otro que está aquí a mi lado que es al que amo de verdad, y si no hay ninguna objeción quiero ser la madre de sus hijos, el hombre que me busca es muy peligroso, jamás deja que alguien se le escape por eso yo creo que sí hay tiempo, mejor vámonos todos en este momento, que a Martíno lo puedo llamar de otro lado y decirle que no venga para acá ―dijo muy apenada Zulema.

Novela de ficción
Clarí novela cuántica capítulo 34 alerta roja

―Caramba compadre que mujer para más sincera, yo le decía que es una buena mujer ―dijo el compadre lucho.

―Discúlpeme compadre pero yo le decía eso y usted decía que no  ―dijo don Saturnino.

―Discúlpenme pero el que decía eso siempre fui yo y no ustedes ―dijo Pepe.

―Lo que sea que hayan dicho sea bueno o malo igual ya está, pero hay que tomar una decisión y hay que hacerlo ahora, (tic tic tic ha ha ha), la puerta ¿Quién podría ser? ―preguntó Zulema.

― ¿Martíno? ―Preguntó Tony.

―No puede ser, porque él me dijo que si podía venir temprano, él lo hacía pero él tiene llaves ―dijo Zulema.

― ¿María? ―preguntó Tony.

―Tampoco creo por que ella mismo te dijo que no podía venir, (tic tic tic ha ha ha), otra vez la puerta, María te dijo que venía a las cinco y en este momento no son ni las dos, entonces imposible que sea ella ―dijo Zulema.

―Oiga compadre, ¿Sí escuchó ese ruido? ―preguntó don lucho.

―Si, parece esos pájaros que hay en el campo, oye Tony, ¿Qué es ese ruidito que parece a pájaro que se oye? ―Preguntó don Saturnino.

―Es el timbre de la puerta papá ―dijo Tony―. Pepe has el favor de asomarte por el costado de la puerta y mira quien está parado en la puerta de afuera.

―Muy bien, son dos hombres vestidos de negro, (son la gente de Jansí), y tienen como un sobre en las manos ―dijo Pepe.

―Padrino por favor salga usted  y pregunte que es lo que quieren ―dijo Tony.

―Ya está bien, sólo les pregunto o llevo mi matóna ―dijo el compadre lucho.

―No… No tranquilo sólo pregunte, es que si usted  los ataca se nos viene un ejército encima.

El cerco se ha cerrado pero todavía no hermético, han llegado a la casa de Martíno, ahora depende de cómo los atienda el compadre lucho o que alguien en el sector reconozca a Zulema. El compadre lucho salió de la casa muy sereno, tranquilo y con la mejor cara de ingenuo que podía tener.

―Si… dígame señores ―dijo el compadre lucho.

―Buenas tardes, estoy  buscando información ―dijo uno de los hombres de negro.

― ¿Qué clase de información quieren?

―Estoy buscando a esta señorita que está en esta foto o a alguien que se le parezca, al menos si conoce alguien por aquí cerca.

―Déjeme ver, no… no… no, ni siquiera se le parece, por aquí no he visto a nadie así.

―Muy bien, no lo voy a molestar más, vamos a la siguiente cuadra ―dijo el hombre de negro con intenciones de irse a otro lado.

Salvados por el momento, pero ¿Hasta cuándo? Nadie sabe, ahora hay que ejecutar el plan “B”, don lucho ingresó a la casa con la novedad siguiente.

―Caramba  compadre, me parece que estamos en alerta roja, esos hombres tienen una foto de la Clarí, perdón de la señora aquí presente pero esa foto es vieja porque ahí se la ve como la conocimos, con el color de pelo que parecían los rayos del sol, y aquellos ojos deslumbrante que tenía en ese tiempo usted bella señora, aunque ahora se la ve mucho más interesante, (padrino), calma Tony que solo le estoy ofreciendo mis respetos ―dijo el compadre lucho.

―Creo que hay que ir  preparándonos ya ―dijo don Saturnino.

―Yo también creo lo mismo ―dijo Pepe.

―Hay que llamar a Martíno y decirle que no venga porque es muy peligroso ―dijo Zulema.

―Si es verdad, lo voy a llamar en este instante, (¿A quién vas a llamar?), a Martíno ―dijo Tony.

―Y para qué si ya estoy aquí ―dijo Martíno.

― ¡¿Martíno?! ―Dijeron todos en coro.

―Carajo si que ha venido toda la juerga de mi pueblo, buenas tardes papá, don lucho y Pepito ―dijo Martíno―. Zulema ¿Cómo te va y tú hermano? Pienso que sí estás bien.

― Un poquito más y me hace dar un infarto ―dijo el compadre lucho.

―A mí también ―dijo Pepe.

―El siempre entra así, sin hacer ruido ―dijo Zulema.

―Ya parece un Ninfa ―dijo don Saturnino.

― ¿Y qué es eso compadre? ―Preguntó don lucho.

―Ninfa, esos chinos que también se visten de negro y se tapan hasta la cara, que también tienen un machete que es más largo que estos  ―decía el compadre saturnino.

―Caramba compadre usted sí que abusa ―dijo el compadre lucho.

― ¿De que están hablando ustedes? ―Preguntó Zulema.

―Estamos hablando de esos hombres que se visten de negro, y que se llaman Millas y el compadre está confundido diciéndoles ninfas ―dijo el compadre lucho.

―Hagan el favor de callarse los dos, ni el uno ni el otro están en lo correcto, esos hombres a los que se refiere mi suegro se llaman Ninjas y son de Japón y no de China ―dijo Zulema.

―Se quedaron callados los dos, pero mejor así ahora que hacemos ―dijo Tony.

― ¿Y que ha pasado ahora último? ―Preguntó Martíno.

―Bueno, lo último es qué vinieron unos hombres a preguntar por Zulema y no sé cuántos más habrán afuera ―dijo Tony.

―Entonces sólo es cuestión de horas, ¿Ya comieron ustedes? ―Dijo Martíno.

―Todavía nadie ha comido, ¿Cómo hacemos ahora? ―Preguntó Zulema.

―De la forma más sencilla, ¿Quién atendió a esos hombres que vinieron a la casa? ―Preguntó Martíno.

―Mi compadre lucho ―dijo don Saturnino.

―Entonces los dos salgan a comprar comida, por favor, porque a ustedes no los conocen y además pasan desapercibido ―dijo Martíno.

―Caramba compadre, ahora sí somos peroles, pero no importa todo que sea por la causa ―dijo don lucho.

―Haber Martíno, tu que eres el que tiene dinero, manda para ir a comprar ―dijo don Saturnino.

―Tomé Papá,  saliendo cruzando la calle a mano derecha caminan una cuadra, ahí hay un restaurante, compran y se vienen enseguida ―dijo Martíno.

2:30 de la tarde y el nerviosismo empieza a fluir entre todos los habitantes de la casa de Martíno, en este momento ya es demasiado tarde para salir de ahí y lo único que queda es buscar la forma de protegerse, mientras tanto, los hombres que visitaron la casa de Martíno preguntando por Zulema, han dado la vuelta la manzana y tocando al timbre de una de aquellas casas, sale uno de los habitantes a recibirlos.

 ―Buenas tardes señor, (buenas tardes), ¿Podría hacerle una pregunta?

―Si como no, ¿En que le puedo servir? ― Dijo el habitante de la casa.

―Estoy buscando a una señorita o solo a una señora que se parezca a la que tengo en esta foto.

El habitante de la casa observa la foto y piensa, luego mira a los dos hombres y regresa su mirada a la foto respondiendo lo que apenas sabía, pero con algo de recelo.

―Déjeme ver… si, puede ser, puede que tal vez ―dijo el habitante de la casa―. A menos que se haya pintado el cabello, yo diría que es la señora que vive justo atrás de mi casa.

― ¿Atrás de su casa? No puede ser.

― ¿Por qué lo dice?

―Porque ya pasamos por ahí y salió un hombre con presencia de campesino, y nos dijo que no conoce a nadie que se le parezca.

―No puede ser, porque ahí vive esa señora y la tengo muy presente porque es muy bonita, claro que la que vive ahí tiene el cabello negro y ojos.

―Bueno gracias, hasta la próxima ―dijo el visitante.

El líder del grupo  se dio cuenta que le tomaron por tonto, ahora el primer pasó a dar, es comunicar al señor Jansí lo acontecido y de antemano, ir rogando para que ellos no sean sancionados por el error cometido. Pero no tiene otra opción, tiene que llamar para informar a su jefe inmediato, de esa manera el líder del grupo coge el radio y se comunica con el señor Adam.

―Atención, aquí el líder del grupo cinco, aquí el líder del grupo cinco.

―Si aquí el señor Adam, ¿Cuál es la novedad?

―Necesito hablar con el señor Peke, de inmediato.

―Un momento, ¡Señor Peke lo llaman por radio! (Pasa la llamada), en seguida señor.

―Sí, ¿Quién habla?

―Habla líder del grupo cinco, y tenemos contacto en un 95%.

― ¿Está seguro?

―Señor falta 5 por ciento para seguridad total, encontré un ciudadano que asegura que una mujer igual pero con cabello negro vive en la casa de atrás, nosotros ya habíamos pasado por ahí y negaron la presencia, por eso sospecho que ahí está la mujer que buscamos.

―Muy bien, contacte con los demás grupos que ya vamos para allá.

―Si señor lo más rápido.

De esta forma el grupo de mercenarios se vuelve a reagrupar, ubicándose en compás de espera para recibir nuevas órdenes. El señor Peke habla con el señor Jansí sobre el asunto para saber qué medidas va a tomar.

―Señor Jansí, me acaba de llamar el señor líder del grupo cinco comunicándome que ya tiene contacto.

― ¿Tiene la ubicación?

― ¿Qué? ―dijo el señor Peke―. Pero qué pendejo, no le pregunté y tampoco me dijo dónde, no se preocupe señor Jansí que en seguida ubico el lugar.

―Me sorprende usted  señor Peke, dos cursos más en Medio Oriente y es un completo, (ya señor Jansí, si entendí), ¡Entonces muévase!

―Señor Adam, llame al líder del grupo cinco y pregúntele la ubicación de la casa ―dijo el señor Peke.

―Si señor, atención líder del grupo cinco, atención líder del grupo cinco, (aquí líder del grupo cinco), déme la ubicación de la casa donde hizo contacto.

―Es en Los Cardenales y Costa Este.

―Muy bien, señor Peke es en Los Cardenales y Costa Este, (entendido), bien líder del grupo cinco, espere nueva orden ―dijo el señor Adam.

Con la ubicación exacta el señor Peke se comunica con el señor Jansí.

―Señor Jansí, es en Los Cardenales y Costa este.

―Según me doy  cuenta, eso esta cerca donde estuvimos, en el parque.

―Si señor, es como una a dos cuadras de donde hicimos base.

―Y pensar que nos fuimos como a 10 manzanas de distancia, no importa, pero si ya está ubicado el punto, lo único que me queda es comunicarle a mi patrón, para saber qué va hacer.

Enseguida coge el teléfono satelital y se comunica con el señor Juan del Todo, porque quiera o no su patrón es el que da la última orden.

―Alo, patrón… le tengo nuevas noticias y muy importantes ―dijo Jansí.

―Más te vale que sean buenas, porque ya he gastado mucho dinero en eso y no he conseguido nada, así que, habla ―dijo el patrón Juan.

―Ya tenemos contacto señor.

― ¡Cómo! ―Dijo sorprendido.

―Si patrón como escuchó, establecimos contacto en Los Cardenales y Costa este.

―Cuidado alguien le ponga un dedo encima, porque ese es mi placer y nadie me lo quita.

―Si patrón no se preocupe, ¿Ahora qué hacemos?

―Quiero que todos cerquen  el lugar, pero lo más disimulado que puedan porque no quiero que se me vaya a escapar de nuevo, y después tener que esperar otros seis o siete años para cercarla como la tenemos ahora, ¿Entendiste Jansí?

―Si patrón fuerte y claro.

―En este momento estoy haciendo una negociación muy importante, pero puede ser que en unas tres horas estoy ahí para dirigir yo, el asalto.

―Muy bien patrón, aquí lo esperamos.

Ya comunicado los detalles al patrón Juan, él se va personificar en dicha misión que ha sido postergada por algunos años. 3:00 de la tarde, en la casa de Martíno están muy atentos porque los encargados de traer la comida no han llegado, de pronto ven llegar a don Saturnino junto a su acompañante y enseguida abre la puerta.

―Papá, ¿Qué pasó? Se han demorado tanto ―dijo Martíno.

―Si supieras hijo.

― ¿Por qué?

―Afuera hay algunos de esos carros negros que dan la vuelta por la casa, y los hombres que están dentro están vestidos igual como los que vinieron acá.

―Ya veremos lo que hacemos, primero a comer, Zulema por favor, ¿Puedes servir la comida?

―Por supuesto que sí.

Todos se quedaron pensativos con la noticia que dijo don Saturnino, hasta que don lucho se le ocurrió una idea y todos muy atentos mientras comían escuchaban sin pestañear.

―Pongan atención todos, he pensado una forma de cómo evitar que hagan daño a tan hermosa señora, cómo estamos en tiempo de que oscurece más temprano, calculo que las seis de la tarde ya empieza a oscurecer, pero aquí en esta casa no se prende ningún tipo de luz, así de esa forma los que estén afuera no nos puedan ver, entonces obligados van a tener que entrar a la casa, uno de ustedes deberá estar listo para llamar a la policía en ese preciso momento, porque lo que yo tengo pensado es acabar con cualquier intruso que entre en esta casa, ¿Alguna pregunta? ―Dijo el compadre lucho.

―Don lucho, por lo visto usted no tiene idea que clase de gente son ellos, ellos tienen armamento sofisticado, ni siquiera necesitan acercarse para disparar a alguien, tienen equipo  especial para la oscuridad, y como piensa usted que ellos van a entrar aquí ―dijo Zulema.

―Ellos no son cosa buena, y no creo que tenga comprada a toda la policía, en tanto si ellos van a disparar desde afuera van a hacer tanto ruido que todo se va a alterar ―dijo lucho.

―Ellos tienen silenciadores ―dijo Zulema.

―Si pero igual tendrán que entrar y ahí nosotros nos encargamos de ellos, con las cuatro matonas que tenemos, tres revólveres y dos machetes, tenemos para hacerle frente a cualquiera ―dijo don lucho.

―Carajo compadre… ahora sí que usó su cerebro, y por lo tanto yo estoy con mi compadre ―dijo  don Saturnino.

―Por mi amigo Tony y por la chica más linda del mundo que un día conocí, yo también me paro enfrente ―dijo Pepe.

―Que carajo, yo aquí en mi casa no me voy a rajar, así que me sumo a ustedes ―dijo Martíno.

―Y conmigo  sumamos cinco, y de paso consigo los silenciadores para los revólveres ―dijo Tony.

―No Tony, tú no puede estar aquí, es muy peligroso ―dijo Martíno.

Al escuchar esas palabras de parte de su hermano, se para en actitud de bien macho, levanta su matona y mirando a los ojos a su hermano dice… Continuará capítulo 35

©Clarí una historia cuántica Todos los derechos reservados Roberto Sanahuano    Escrita en el 2006 y registrada en el 2008 I E P I   030100


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