32

La fuerza de los tres macheteros

―Haber carajo hijos de la gran puta, no saben con quien se han metido ―dijo el compadre lucho.

Los cuatro hombres atacantes miraban al compadre lucho como poca cosa, la comparación en contextura era ridícula, don lucho a duras penas llega a 110 libras, en cambio los atacantes pasaban de 180 libras o más entonces ya se pueden imaginar como aquellos tipos miraban a su rival, inclusive uno de ellos hizo un comentario.

―Tanto espanto para un espanta pájaros, pero si es un fifiriche ―dijo uno de los malosos

―Este pájaro que espanta si te va a espantar ―dijo al compadre lucho.

Enseguida le da una orden a Pepe y a su compadre y les lanza sus saquillos donde llevaban su ropa y la matona.

―Pepe levántate, y usted compa que le pasa que parece pendejo tirado en el suelo, tengan que esto es de ustedes ―dijo el compadre lucho.

―Con que es muy avión el muchacho, quiere volar sin alas pues no se ha enterado lo que les va a pasar, ahora si eso quiere eso le vamos a dar ―dijo uno de los asaltantes.

Novela de ficción
Novela Clarí historia cuántica capítulo 32

Con ese último comentario los cuatro tipos se abalanzaron sobre el compadre lucho, menospreciando su valía como macho, lo acorralaron pensando que el peligroso era él, de pronto los cuatro escuchan una  voz que les dice.

―Eh, que mierda les pasa, acaso nosotros somos caca de perro que no valemos,  somos bien hombres y no saben con quién se han metido ―dijo Pepe.

Los cuatro tipos al escuchar esa voz, viraron la cara y vieron que sus dos víctimas que estaban algo golpeados, ya no parecían dos inofensivos hombrecitos, más bien se los veía cómo dos personas con ansias de desquite, el cual ellos no le dieron mucha importancia, nunca se imaginaron que ellos también tenían una Matona cada uno. Don Saturnino que tenía el orgullo herido sacó su Matona y dijo.

―Empiecen a rezar a su más fiel santa, por qué hoy hijos de la valienta y todo lo que le acompaña…pues ahora dejaron de ser vivos.

―Espere un momento que yo no soy ningún cojudo, yo también quiero mi parte ―dijo Pepe sacando su Matona.

Y sin dar tiempo a disculpa los tres macheteros oriundos de Poste partido, Se lanzaron contra los cuatro gigantes en comparación de ellos, y repartieron machetazos a diestra y siniestra, volaron algunas manos, algunos pies inclusive don Saturnino cogió al que le pegó y sujetándolo del pelo lo guinda y levanta su Matona sin temor para cercenarle la cabeza y en ese momento lo detienen.

―Eh compadre, cálmese…cálmese ―era su compadre lucho.

―De una vez, para que les quede de escarmiento y no vuelvan a joder más a ningún campesino, esto sin contar a quiénes no más, habrán jodido ―decía Pepe.

―Si compadre lucho, de una vez, usted no sabe a cuantos incautos habrán cogido y hay que pararle a raya, ahora me estoy dando cuenta ―dijo el compadre saturnino.

― ¿De qué se ha dado cuenta compadre? ―Preguntó don lucho.

―Cierto día mi hijo Martíno me llamó a la casa y me preguntó por Tony, pero resulta que Tony ya tenía más de 10 días que no estaba en mi casa, yo creía que estaba en la casa de él, pero como me doy cuenta, creo que estos tipos cogieron a mi hijo y le dieron la del zorro, por eso fue que Martíno me preguntó por él y por eso hoy pagan.

Y sin mediar más volvió a levantar la cabeza del tipo que estaba mal herido, y de nuevo se dispone a cercenar la cabeza y otra vez es detenido por su compadre.

―Tranquilo compadre, sólo cuente cuantas manos hay en el piso, cuantos pies, y mire cuanta sangre hay y de paso, hasta nosotros estamos embarrados de ella, creo que ya es suficiente, ¿O no?

― ¡Hey esperen…piedad tengo hijos y una madre que mantener!…por favor no me maten ―decía el matón que estaba consciente de lo que estaba pasando.

Los cuatro grandulones estaban impresionados, asustados y mal heridos, nunca se imaginaron que esos tres  fifiriches iban a responder de esa manera, ellos estaban acostumbrados a someter a todo campesino que llegaba a La Gran Ciudad. Después de haber recibido semejante lección inclusive con alto grado de morir desangrados, los dichosos matones, apenas balbuceaban algunas palabras y lo que más se les entendía eran puros lamentos. Don Saturnino estaba empeñoso por volar unas cuantas cabezas, lo mismo Pepe, don lucho parece que era el más cuerdo de todos o será que él no fue golpeado, como haya sido no valía la pena matar a los cuatro abusadores, y eso lo sabía don lucho por eso fue que hizo esa pregunta.

―Yo digo que sí  ―dijo don Saturnino.

― ¿Qué le pasa compadre? No coja lo que no es suyo ―dijo don lucho.

― ¿Por qué compadre?

―Porque la pregunta se lo estoy haciendo a ellos y no a usted.

―Ah, disculpe compadre yo pensaba que era a mí, pero igual yo sigo pensando que hay que volarles la cabeza.

―Pensándolo bien don Saturnino creo que es mejor dejarlos así, igual que algunos ya no tiene mano en igual que algunos no tienen pie, con eso lo que les ha pasado tienen que estar arrepentidos de haberse metido con nosotros ―dijo Pepe.

―A ver ustedes los cortaditos, ¿Si me están escuchando? ―Preguntó don lucho.

―Sí… si ―contestaron los cortaditos.

―Pero tranquilo no tengan miedo que no van a morir, espero que no vuelvan a meterse con ningún campesino, donde que yo escuche que ustedes han vuelto en sus andanzas, ahí sí no podré detener a mi compadre inclusive yo mismo les vuelo la cabeza, ¿Oyeron?

―Sí ―contestaron en coro.

―A propósito ¿De quién es el taxi?

―De él, el que está con camisa a cuadros azul ―dijo uno de los cortaditos.

―Bueno de antemano le agradezco el habernos prestado su taxi, y como me imagino que han de tener algún contacto por aquí cerca pueden irse nomás, antes que me olvide, el taxi se lo voy a dejar estacionado en el primer parque que encuentre al llegar a La Gran Ciudad ―dijo don lucho.

―Que sabio que es mi compadre lucho carajo, en lo sabio que es, ¿Le puedo hacer una pregunta compadre?

―Claro que sí compadre, que yo soy toda orejas.

― ¿Sabe usted cómo se manejan esos aparatos?

― Pero que cojudo ―dijo don lucho.

― Que le pasa compadre, más respeto.

― No le digo a usted compa, lo digo por mí porque no se manejar un carro.

―En ese caso yo entro ―dijo Pepe.

― ¿Entras a dónde? ―Preguntó lucho.

―Al carro, porque yo si se manejar.

―En serio, (si), bueno entonces nos vamos lo mas rápido porque ya es muy tarde ―dijo lucho.

―Pero solo hay un solo problema ―dijo Pepe.

― ¿Y cuál es? ―Preguntó don Saturnino.

―No sé para donde ir a La Gran Ciudad.

― No hay problema, aquí mismo esta la solución, tú que dizque eres taxista, ¿Dime para donde nos vamos a la Ciudad? ―Preguntó Don Saturnino.

―Vayan para el norte, hacia allá ―dijo el ex taxista.

― Más vale que sea cierto, porque sino ya saben ―dijo lucho.

―Entonces suban, que yo manejo ―dijo Pepe.

Ajustadas todas las cuentas, subieron al vehículo y después de cambiarse de camisa continuaron el viaje hacia el punto de destino, los malhechores se levantaron como pudieron y se dirigieron por el mismo camino que salió corriendo el primer hombre.

11:10 minutos de la mañana, mientras los tres macheteros se dirigían al lugar, en el punto de encuentro la gente de Jansí se aproximaban cada vez más y más,  eso lo presentían en la casa de Martíno, donde estaba Tony y Zulema a solas, Zulema meditaba el asunto mientras Tony la observaba, de pronto Tony siente que le hormiguea la pierna y Zulema se da cuenta.

― ¿Qué te pasa Tony?

―Caramba, un poquito más y pensé que es una cucaracha.

― ¿Y?

―Es el teléfono, es que todavía no me acostumbro a ese movimiento que tiene cuando recibe una llamada.

―Si pero contesta.

―Ya un momento, alo, buenos días y gracias por tomarse la molestia de hacer esta llamada.

―Alo Tony, buenos días habla María.

―Hola preciosa, ¿Cómo estás?

―Yo estoy bien y tú,  ¿Cómo te encuentras?

―También estoy bien gracias, sólo que tengo una pequeña duda, y eso es sí voy a estar bien no sé hasta cuándo.

―No digas esas cosas Tony, la vida es muy bonita como para pensar así.

―Sí es verdad lo que tú dices María, pero tú no sabes en el lío que estamos metidos aquí en esta casa.

―No te preocupes que en este instante voy para allá ―dijo María.

―No te recomiendo, (¿Quién es Tony?), tranquila que ya mismo te atiendo, ¿Me decías María?

―Tú me estabas diciendo que no me recomiendas, ¿Qué?

―Ah, qué no vinieras.

― ¿Pero por qué?

―Porque no se puede, es muy peligroso.

―Lo que pasa es que la vampira esa no te deja ―dijo muy enfurecida María.

―No es eso, lo que pasa es que estamos en peligro y como quien dice en este momento estamos en compás de espera, y justo porque no sabemos qué va a pasar.

― No importa, yo voy como tu amiga y nadie me va a detener.

―Por favor, ten paciencia que ya voy a ver como resuelvo este asunto.

―No, ya te dije que yo voy para allá en este momento, perdón, me estaba olvidando, mejor pasado las cinco de la tarde estoy ahí, está bien okay.

―María… María… cerró, y ahora que hago ―dijo Tony muy preocupado.

― ¿Qué pasó? Era la putilla de la enfermera ¿Verdad?

―Tranquila que no es para tanto, pero ya te vas a alterar cuando la veas parada en la puerta.

―No me digas que la has invitado a esta casa.

―No tanto así, la cuestión es que viene hoy en la tarde, y ni porque le dije que estaba en peligro, no le importó, solo viene y ya ―dijo sorprendido.

―Mira Tony, si tienes algo con ella, estás a tiempo para irte ―le dijo Zulema.

―No mi amorcito, ella solo es mi amiga de verdad y te digo que es muy especial.

―Bueno si es así, voy a tener que aceptarla pero cuidado que no voy haber esperado como seis años para tenerte y que de pronto venga la más “linda” y se me lo quiera llevar.

―A propósito de tenerme, que te parece si me tienes, ahora.

―Si me gustaría y créeme que lo quiero con locura pero no estaría bien.

―No le veo la diferencia ―Dijo Tony.

―Yo si, porque aquí he vivido algunos años con Martino y no le veo bien, que en la misma casa esté haciendo el amor contigo, y no creas que quiero dármela de puritana, lo que pasa es que yo siempre lo respeté a Martino y no pienso dejar de hacerlo por el hecho de que él ya sepa nuestros sentimientos.

―Pero, ¿Si me amas?

―Lo único que te digo es que eres todo para mi, y por favor ya no hablemos de esto porque tengo miedo de perder el control, pero cuando salgamos de aquí, (si salimos), no seas pesimista, solo salimos y cuando ya estemos a salvo, ahí si nos despedazamos en la cama o donde tu quieras que me da igual porque contigo es un sueño de lo mas maravilloso ―dijo Zulema.

―Bueno esta bien, entonces pensemos un plan, Martino no ha llamado, Pepe tampoco, María llega  a las cinco de la tarde que no se si será para bien o para mal, ¿Que más podemos esperar? Y ya son 11: 30 minutos de la mañana.

Parece que de verdad él cerco se está cerrando, todos van para un mismo lugar, la gente de Jansí se esmera por encontrar a la señora Clarí, pregunta y pregunta y nada encontraban hasta que llegaron a una tienda.

―Buenos días señor, nos podría atender un ratito ―dijo el líder del grupo cinco.

―Sí cómo no, ¿En qué les puedo servir? ―Dijo el comerciante.

―Mire señor, aquí tengo esta foto de una mujer, ¿Podría decirme si la ha visto?

―Qué bonita mujer, la verdad así no he visto por aquí a nadie.

― ¿Alguien que se le parezca?

― ¿Qué se le parezca? Creo que sí, hay una señora muy bonita que sabe venir a comprar aquí, y es igual a la que está en la foto con la única diferencia, que el pelo y los ojos son negros.

― ¿Hoy ha venido a comprar? ―Preguntó el líder.

―Ahora que me dice, no la he visto y ayer tampoco vino.

― ¿Sabe dónde vive?

―La verdad que no, pero no tiene que ser lejos.

― ¿Por qué lo dice?

―Porque siempre cuando viene a comprar, viene bien elegante y con todo su glamour, no se la ve que venga agitada o molesta claro síntoma de haber caminado mucho.

―Buena observación, eso quiere decir que podría estar de una a dos cuadras o tal vez tres ―dijo el líder.

―Sí tal vez que si, ¿Para qué la buscan? ―Dijo el comerciante.

―Le vamos a dar una sorpresa y nada más ―dijo el líder.

―Si no les puedo servir de nada más, me disculpan que voy a trabajar.

―Está bien, gracias.

Nueva información apremiante ha llegado a manos de la gente de Jansí, el líder del grupo cinco sabe lo que tiene y no espera que otros se le adelante, así que de esa forma coge el teléfono y se comunica con su jefe.

―Alo comuníqueme con el señor  Jansí, (¿Quén habla?), habla el líder del grupo cinco.

―Enseguida le comunico… Señor Jansí, una llamada, (enseguida voy), un segundo líder del grupo cinco que ya viene ―dijo el señor Adam.

―Ya, aquí estoy, ¿Quién me llama?

―Señor, es el líder del grupo cinco.

―Bien, comuníqueme lo más rápido que debe ser muy importante.

―Ya está, hable.

―Si diga ―dijo el señor Jansí.

―Habla el líder cinco, tengo una posible ubicación y tomo como punto central la tienda que está frente al parque de la calle los cardenales.

― ¿Qué porcentaje de veracidad hay?

―Es muy elevado señor, yo diría un 80% ―aseveró el líder cinco.

― ¿Está seguro?

―Sr. me baso en el comentario del dueño de la tienda donde estoy, él dice que hay una mujer igual con la diferencia del color del cabello y los ojos.

―Espéranos ahí, mejor ubícate en el parque que ya vamos.

―Sr. Peke ―dijo Jansí.

―Diga señor, déme su orden ―dijo el señor Peke.

―Ordene a todos los hombres que están en el sector de búsqueda, y dígale que se reúnan todos en el parque que está en la calle Los Cardenales, que ya voy para allá.

―Enseguida  señor Jansí, señor Adam comuníqueme por radio con todas las unidades de búsqueda.

―Muy bien señor, ya está y puede hablar.

―Atención, atención habla el señor Peke, se les ordena a todas las unidades de búsqueda reunirse en el parque de la calle los cardenales sector 21, máximo en 10 minutos.

―Entendido ―dijeron todos los ordenados.

11:40 minutos de la mañana, los hombres de Jansí tienen nueva orden y parece que ésta es la definitiva. 19 hombres se van a reunir en el parque y va a empezar una búsqueda más acertada, sólo tienen que reunirse y esperar a su jefe, para saber qué estrategia van a tomar o qué prioridad es la más acertada, sólo hay que esperar. Los tres machetero han llegado a La Gran Ciudad y lo primero que hacen es parar el vehículo y bajarse y de esa forma poderse orientar.

―Ya estamos en la ciudad, ¿Y ahora para dónde? ―Preguntó Pepe.

―Ay si… está jodido, ¿Para dónde mismo será la calle los cardenales? ―dijo don lucho.

―No queda más que hacer alguna pregunta a cualquier persona que pase por aquí ―dijo don Saturnino.

―Yo pensé que iba a preguntar a un burro compadre ―dijo don lucho.

―Que pasó compadre, más respeto.

―Tranquilo que sólo es broma ―dijo don lucho―. Mire compadre, ahí vienen un buen nombre.

―No se preocupen que yo le pregunto…señor buenos días, (buenos días), ¿Me podría decir para dónde mismo es que me voy a la calle Los Cardenales? ―Preguntó Pepe.

―Esa calle  cruza toda la ciudad y está aquí cerca, avance hasta la esquina y vire a la izquierda de ahí se va largo unas ocho cuadras y vira a la derecha y de ahí se va largo hasta donde usted quiera ―dijo el buen nombre.

―Sr. y de ahí queremos ir hasta la calle Costa Este ―le dijo Pepe.

―Es fácil, por donde le dije que vire a la derecha, se va largo hasta llegar a un parque y no me acuerdo cuál de las dos calles es Costa Este, sólo tienen que buscar el nombre que tienen en las esquinas ya sea del norte o del sur ―dijo el buen hombre.

―Ya está, ya está todo en el cerebro, muchas gracias señor y que Dios lo guarde ―dijo Pepe.

―De igual forma adiós ―dijo él buen hombre.

Con una nueva guía los tres macheteros subieron al vehículo y se dirigieron por donde les dijo el buen hombre.

11:50 de la mañana y el tiempo de espera para la reunión ya se ha consumido, todos están en línea esperando a su jefe, de pronto llega un vehículo en el cual es transportado el señor Peke y su jefe el señor Jansí, enseguida ubican a todos los hombres y una vez más le da una orden.

― Muy bien, según veo ya están todos completos, señores vamos a cambiar el área de búsqueda, lo vamos a reducir a partir de este punto tres cuadras a la redonda y vamos a emplear el mismo sistema de indagar ―dijo Jansí.

―Sr. ¿Puedo hacer una pregunta?

―Adelante ―dijo Jansí.

― ¿Qué prioridad se va a emplear? Señor ―preguntó uno de los líderes.

―El D.A.E. ―dijo Jansí―. ¿Alguna otra pregunta?

Nadie contestó en señal de aprobación, ya dicho todo lo necesario, todos los hombres empezaron a dividirse de nuevo en grupos, para irse abriendo en forma de abanico hasta llegar a las tres cuadras de distancia, la única ventaja de tiempo que tenían los habitantes de la casa de Martíno, es que las cuadras o manzanas son bien grandes y eso hacía que se demoren más tiempo, algo que era muy necesario, mientras los hombres se dispersaban a sus direcciones, un taxi se estacionaba en una de las esquinas del parque, en cuyo interior se encontraban los tres macheteros que enseguida se bajaron y con un papelito en la mano, empezaron a buscar un nombre, los hombres de Jansí como los vieron tres humildes campesinos no les dieron importancia, no tenían idea de dónde venían ni hacia dónde iban.

―Bueno compañeros de cacería ya estamos aquí, ahora hay que buscar el nombre Costa este ―decía don lucho.

―Por aquí tiene que ser, don Saturnino ¿Dejamos aquí el vehículo? ―Preguntó don Pepe.

―Y que más vas hacer, hay que dejarlo ahí y que el dueño lo venga a ver si es que no se ha muerto.

―Entonces ahí queda, mire don lucho ahí hay una tienda, preguntemos ahí.

―Tranquilo que yo voy a preguntar ―dijo don lucho.

Don lucho caminó unos cuantos metros y cruzó la calle en dirección hacia la tienda, con toda la intención de preguntar por la calle que ellos buscaban, y ya estando ahí procede hacer la pregunta al tendero.

―Buenos, caramba ya están pasadita las 12 del día, buenas tardes señor, ¿Podría usted decirme si la calle Costa este está cerca de aquí?

―Claro que sí,  la calle que está atrás de esta manzana a la próxima, esa es Costa este ―dijo el tendero.

―Muy bien, muchas gracias, (saben una cosa), ¿Qué cosa? ―Dijo lucho.

―Hace un rato vinieron unos hombres y preguntaron por una mujer, y después usted viene y me pregunta por una dirección, es muy raro, porque en tanto tiempo que vivo aquí nunca nadie pregunta por nadie ―dijo el tendero.

―Por algo ha de ser ―dijo lucho.

Haciéndole una venia don lucho se despedía del tendero, haciendo una señal a sus compañeros se dirigen hacia la parte de atrás de la manzana, para continuar con la otra y llegar a la dirección adecuada. Han caminado las dos manzanas y por fin llegan a 10.020…Continuará capítulo 33

©Clarí una historia cuántica Todos los derechos reservados Roberto Sanahuano Escrita en el 2006 y registrada en el 2008 I E P I 030100


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