El error común en Ho’oponopono que todo sale mal

Solo para inteligentes ¡Califica!

El error común en Ho’oponopono que todo sale mal. Uno de los errores más comunes que pueden surgir en la práctica de Ho’oponopono es caer en el hábito de formar expectativas.

Este comportamiento puede llevar a una espiral en la que cada momento de espera se alarga exponencialmente, transformando segundos en minutos, horas y más. El resultado suele ser una creciente sensación de desesperación y ansiedad, ya que las expectativas no cumplidas generan frustración.

Personalmente, he experimentado esta situación y puedo decir que es desalentador cuando uno no está preparado para ello. Este error se agrava especialmente cuando se carece de la sabiduría acumulada a lo largo de la vida.

El error común en Ho'oponopono que todo sale mal

Para comprenderlo mejor, debemos entender que una expectativa implica la anticipación razonable de que algo suceda, basada en ciertos fundamentos. De lo contrario, estaríamos ante una mera espera, que puede ser irracional o carente de sustento.

En términos simples, la expectativa surge como una reacción automática después de realizar una acción. Sin embargo, en Ho’oponopono, este enfoque no funciona, ya que caer en la expectativa puede ser contraproducente.

En esta práctica, la acción se lleva a cabo con la certeza de que la respuesta ya está presente, pero su manifestación requiere de un estado de calma interior. Si nos dejamos atrapar por la expectativa, nuestra ansiedad puede alcanzar niveles alarmantes.

El error común

ya que tendemos a creer que aquello que esperamos es la única fuente posible de solución a nuestros problemas o necesidades. En tales momentos, es útil recurrir a una frase original de Ho’oponopono, que dice así:

«Lo siento, perdóname por lo que está en mí, que me ha llevado a formar esta expectativa negativa. Te amo, gracias».

Repetir esta frase tres veces puede ayudar a liberarnos de la carga emocional asociada a la expectativa, aunque siempre es importante identificar con precisión qué nos llevó a formarla. Hay ilustrar esto con un ejemplo personal.

Cuando era joven y llevaba apenas uno o dos años de matrimonio, mi sustento dependía en gran medida de contratos o encargos laborales. Hubo momentos en los que me encontré sumido en deudas que, aunque manejables, generaban preocupación.

En esos tiempos, siempre esperaba la llegada de un nuevo contrato de trabajo para aliviar mi situación, pero este no llegaba. La fecha prevista se aproximaba y la expectativa se convertía en una constante fuente de ansiedad.

No saber cuándo llegaría el próximo trabajo alimentaba mis miedos y tensiones, y la incertidumbre afectaba mi relación con mi esposa en ese momento. En un momento de desesperación, sentí como si el peso del mundo cayera sobre mis hombros.

Estrategia de vida

Me encontraba deshecho, en pedazos. Fue entonces cuando, un día cualquiera, divisé a un hombre del vecindario, un vagabundo aparentemente sin preocupaciones ni ocupaciones.

Caminaba con serenidad y alegría. ¿Qué era lo que le permitía estar así?, me pregunté. Decidí acercarme y averiguarlo. «¿Qué haces para mantenerte así de tranquilo?», le cuestioné.

Su respuesta fue simple pero reveladora: «No hago nada específico para obtener lo que deseo». Mi curiosidad aumentó. «¿Cómo es posible?», pregunté intrigado. «Simplemente pienso en lo que quiero, y confío en que llegará en su momento.

No espero ni me angustio por ello, simplemente sigo adelante con mi vida», me respondió con calma. Sus palabras me hicieron reflexionar sobre mi propia mentalidad. Me di cuenta de que, a diferencia de él, yo vivía constantemente sumido en la ansiedad y las expectativas.

Especialmente en lo relacionado con el dinero y los contratos laborales. Aquello que tanto anhelaba parecía estar siempre fuera de mi alcance, y mi enfoque en la falta solo alimentaba mi desesperación.

Fue entonces cuando comprendí el concepto de expectativas, un término acuñado por los psicólogos para describir esta situación. Aunque no fue fácil llegar a este punto de comprensión, decidí seguir el consejo del hombre del vecindario.

El cambio de mentalidad

Esa noche, me retiré a descansar con una nueva perspectiva en mente. Aunque mi actitud despreocupada sorprendió y disgustó a mi esposa en ese momento, yo me mantuve firme en mi convicción de que las cosas se resolverían por sí mismas.

No tardé en ser consciente de los beneficios de este cambio de mentalidad. Aunque en un principio parecía una locura, pronto comencé a recibir pedidos y oportunidades de trabajo de manera inesperada.

Aunque me alegré por estos acontecimientos, no me sorprendieron, ya que comprendí que la verdadera sorpresa radica en lo imprevisible, en lo que llega sin aviso. Por lo tanto, en lugar de dejar que la preocupación me consumiera, me enfoqué en poner en marcha mis proyectos y responsabilidades diarias.

Y como si fuera un acto de magia, al día siguiente recibí el contrato que tanto ansiaba, liberándome de las ataduras de la expectativa y la incertidumbre. Me di cuenta de que, con aquel contrato en mano, tenía asegurado trabajo para algunos meses meses.

Fue entonces cuando comprendí claramente cómo las expectativas pueden desviar el curso de lo que deseamos alcanzar. La actitud basada en la expectativa no solo entorpece nuestro camino hacia nuestros objetivos, sino que también alimenta el miedo y la inseguridad.

El error común en que todo sale mal

Durante mucho tiempo, yo mismo caí en esta trampa, pero aprendí que intentar imponer mi voluntad sobre los demás solo debilitaba mi capacidad de atraer lo que deseaba. Cuando uno se posiciona por encima de los demás y trata de enseñarles cómo deben actuar, se crea un ambiente de confrontación y desconfianza.

Este error puede dar lugar a situaciones conflictivas donde las cosas salen mal debido a malentendidos o actitudes ofensivas. Las expectativas, por otro lado, surgen del temor a las consecuencias de nuestras acciones pasadas.Estrés y ansiedad

La ansiedad por el futuro se convierte en una carga emocional que bloquea nuestra capacidad para recibir lo que realmente necesitamos. Por lo tanto, es crucial cambiar nuestra percepción y actitud ante la espera.

En lugar de preocuparnos y angustiarnos por lo que está por venir, podemos transformar ese nerviosismo en una sensación de ligereza y humor. Podemos adoptar una actitud lúdica hacia nuestras expectativas, riéndonos de nosotros mismos y de nuestras ansiedades.

Por ejemplo, si estamos esperando un pago que parece no llegar, en lugar de preocuparnos, podemos bromear sobre nuestra situación financiera, recordándonos a nosotros mismos que no necesitamos ese dinero porque ya somos prósperos.

El estrés y la ansiedad y Ho’oponopono

Entre los errores comunes está que pueden pensar en lo que sea menos que es parte de su mismo sentir lo que le está pasando. Esto es que no se dan cuenta que el estrés que tienen es parte de su experiencia de vida, y que de paso le ha generado ansiedad.

Muchas veces terminan con tristeza que es un antesala del camino más fácil para salir de eso, como es el suicidio. Todo se da para bien si entiendes lo que te pasa, que en sí no es fácil que se diga, pero una vez que te conozcas, se te hará más fácil en todo.

Todo depende del cambio de vida que te des, que no se trata solo de decir si no de hacerlo. El cambio que hagas en tu vida depende de lo que hagas en tu inconsciente, que es lo que hace de caja fuerte guardando lo peor que te hace mal.

Este cambio en nuestra frecuencia emocional nos permite abrirnos a nuevas posibilidades y oportunidades que de otro modo pasaríamos por alto. El universo conspira a nuestro favor cuando dejamos de aferrarnos a nuestras expectativas y confiamos en que todo llegará en el momento adecuado.

Este enfoque nos libera del estrés y la ansiedad, permitiéndonos experimentar una vida más plena y satisfactoria. Está claro que, al mantenernos firmes en lo que deseamos sin esperar ansiosamente su llegada, nuestras aspiraciones se materializan de formas sorprendentes y abundantes.

Aprende a conocer  el Estrés y la Ansiedad

El estrés y la ansiedad son respuestas naturales del cuerpo ante situaciones desafiantes o amenazantes. Aunque ambos términos a menudo se usan indistintamente, tienen diferencias fundamentales.

Este informe proporciona una visión general de estas condiciones, sus causas, síntomas, efectos y estrategias de manejo. El estrés es una respuesta física y emocional a un desafío o demanda externa. Puede ser agudo (a corto plazo) o crónico (a largo plazo).

Causas Comunes

Cargas de trabajo excesivas, plazos ajustados, conflictos interpersonales. Problemas financieros, relaciones familiares, enfermedades. Accidentes, pérdida de un ser querido, desastres naturales.

Síntomas

Dolor de cabeza, tensión muscular, fatiga, problemas digestivos. Irritabilidad, tristeza, ansiedad, depresión. Dificultad para concentrarse, olvidos, pensamientos negativos. Cambios en el apetito, insomnio, consumo de alcohol o drogas.

El estrés crónico puede contribuir a problemas de salud graves como enfermedades cardíacas, hipertensión, diabetes, depresión y ansiedad. La ansiedad es una sensación de preocupación, nerviosismo o temor ante situaciones futuras.

Puede ser una reacción normal al estrés o puede convertirse en un trastorno de ansiedad. La ansiedad es una preocupación excesiva y persistente sobre diversas actividades o eventos. Episodios recurrentes de miedo intenso acompañados de síntomas físicos (ataques de pánico).

También puede ser como miedo intenso a situaciones sociales o de desempeño. Miedo excesivo a objetos o situaciones específicas. Ansiedad persistente tras un evento traumático. Pensamientos intrusivos (obsesiones) y comportamientos repetitivos (compulsiones).

Síntomas de ansiedad

Palpitaciones, sudoración, temblores, problemas digestivos. Sensación de temor, irritabilidad, desesperanza. Pensamientos obsesivos, preocupación constante, dificultad para concentrarse. Evitación de situaciones, comportamientos repetitivos, hiperactividad.

La ansiedad no tratada puede llevar a la depresión, aislamiento social, problemas en el trabajo o la escuela, y una disminución en la calidad de vida. Ahora una forma de salir de eso es practicar la respiración diafragmática para reducir la tensión.

Enfocar la mente en el presente para reducir la preocupación y el estrés. Mejora la flexibilidad y reduce la tensión muscular para que ayude a liberar endorfinas y reducir el estrés. Mantener una dieta saludable para apoyar la salud física y mental.

Dormir bien es crucial para la recuperación del cuerpo y la mente. Ayuda a cambiar patrones de pensamiento negativos y comportamientos asociados. La terapia de exposición exponiendo gradualmente a la persona a la fuente de su ansiedad.

Compartir experiencias con otros puede proporcionar apoyo emocional y reducir el sentimiento de aislamiento. Establecer prioridades y administrar el tiempo de manera eficiente. Aprender a decir no y delegar tareas cuando sea necesario. Participar en actividades que proporcionen placer y relajación.

Datos

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.